Doña Rosario Ibarra de Piedra

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Oct 18, 2019

El día 23 del presente mes y año, la señora Rosario Ibarra de Piedra recibirá el máximo galardón que otorga el Estado mexicano, dado que el martes 8 de octubre el Senado de la República decidió otorgarle la Medalla Belisario Domínguez, con base en un dictamen en cual se le reconoce “su incansable lucha por más de cuatro décadas en favor de los presos, desaparecidos y exiliados políticos.

Por toda una vida dedicada a luchar, por dar voz a quienes no la tienen y exigir justicia por los que ya no pueden hacerlo… por su profunda convicción que siempre ha tenido para lograr que nuestro país se reconozcan a plenitud los derechos humanos… Y por la trayectoria que ha realizado de manera incansable para tener un México que ya no padezca el dolor de miles de familias en la búsqueda de sus desaparecidos. Tragedia debida que la une con miles de madres mexicanas.

Conocí a la señora Rosario Ibarra de Piedra a principio de los años 80’s, era yo un niño, tengo presente su imagen delgada y menudita, fue de los primeros defensores de los Derechos Humanos en México, convirtiéndose desde 1975 promotora por la presentación de los desaparecidos y la libertad de los presos políticos, además de su lucha porque retornaran los exiliados de la guerra sucia, su departamento en la Ciudad de México fue por muchos años, refugio de perseguidos políticos y de víctimas de la llamada guerra sucia del estado mexicano.

Con una oratoria impecable, con su lucha diaria regresó con sus familias a decenas de desaparecidos políticos, puso su humanidad entre represores y reprimidos, ingresó de forma incógnita al Campo Militar No. 1, para buscar a su hijo Jesús Piedra Ibarra, por casi cinco décadas ha luchado por rescatar a su hijo, quien fue detenido por la Policía del Estado de Nuevo León, en este trayecto rescató a 148 detenidos desaparecidos que estuvieron recluidos en el Campo Militar No. 1 y en decenas de cárceles clandestinas.

Impulsó junto con muchos mexicanos una Ley de Amnistía que liberó a mil 500 presos políticos, permitiendo el regreso a nuestro país de 57 exiliados y la cancelación de 2 mil órdenes de aprehensión contra otros tantos. Es gratificante saber que será la recipiendaria de la Presea Belisario Domínguez por sus aportes a los derechos humanos que inició con la búsqueda amorosa de una madre por uno de sus hijos; sus méritos son sobrados, su trayectoria es intachable, limpia y congruente, es símbolo de la resistencia contra la impunidad y la arbitrariedad, la desaparición forzada y la tortura.

Como no recordar su activismo y su compromiso con los derechos humanos, sin claudicar nunca, primeramente en el Frente Nacional contra la Represión, acompañada de otras cientos de doñas, como la señora Celia Piedra de Nájera, esposa de Jacob Nájera, profesor universitario secuestrado en San Jerónimo, en el municipio de San Jerónimo de Juárez.

Doña Rosario lleva un registro pormenorizado de la Guerra Sucia, de esa guerra del Estado mexicano, que desarrolló contra opositores, campesinos, obreros, estudiantes, rebeldes guerrilleros y que enlutó a miles de hogares en todo el país. Sus registros le sirvieron a la escritora Elena Poliatovska, en su libro Fuerte es el silencio, aportando datos de la represión, la tortura, el destino desconocido de hijos, esposos, hermanas, compañeras, de ese movimiento que se organizaba para conocer la verdad, para rescatar a quienes se encontraban recluidos en cárceles clandestinas y campos militares y que reproducían en la desaparición forzada los manuales de contrainsurgencia que emplearon las dictaduras de Centroamérica y el Cono Sur y que reproducía fielmente el Estado mexicano, en pleno auge de la Guerra Fría y que veían como una amenaza a cualquier opositor y combatían por igual a movimientos pacíficos o armados en un sistema autoritario que no tenían límite. Con la foto de su hijo colgando en su pecho, doña Rosario visitó cárceles y los municipios de Guerrero, Michoacán y el norte del país, recogiendo testimonios, fotografías, datos, documentos, de los desaparecidos políticos; en 39 ocasiones abordó a Luis Echeverría para exigirle la presentación con vida de su hijo y de muchos otros tantos desaparecidos políticos.

En este trayecto fue acosada y perseguida, es célebre por sus luchas en las huelgas de hambre, su crucificación frente a la Catedral en la Ciudad de México, fue víctima del terrorismo oficial del viejo régimen, de la amenaza, del secuestro de su esposo y de la tortura, de la persecución a su familia.

Hace algunos años fue nominada ya a la Medalla Belisario Domínguez, pero también en cuatro ocasiones al Premio Nobel de la Paz. Doña Rosario Ibarra es símbolo de la resistencia contra el autoritarismo del poder. n