Caso Salmerón: si fue Echeverría, el tiempo le dio la razón

Escrito por  Ginés Sánchez Oct 08, 2019

Si alguien en este país ha tejido los hilos de la política nacional durante tiempo récord, no es el estereotipo, rayando casi en leyenda urbana, de que ha sido Carlos Salinas de Gortari, no, lo fue el ex presidente Luis Echeverría Álvarez, que sólo para ilustrar, desde el último año de la presidencia de Adolfo López Mateos era ya el titular de la Secretaría de Gobernación, en calidad de encargado de despacho, después súper secretario con Gustavo Díaz Ordaz, presidente de la República y aún como ex presidente, los cuadros que formó y las lealtades que dejó dentro del gobierno no fueron pocos. Si se ha llegado al grado de afirmar que él tuvo que ver en el levantamiento zapatista de 1994, eso nunca lo sabremos, pero imposible, tampoco es dicha especie.

El estilo de gobernar de Echeverría era el de un (mas que maquiavélico, perverso) manipulador nato, tenía los hilos de todo, cooptó a la feroz oposición a base de cargos públicos y billetazos, mucha convertida en movimientos guerrilleros, donde lo natural es que el tuviera infiltrados en muchos de esos grupos, con el fin de tener la mayor información posible, ir uno o varios pasos adelante, e incluso hacer uso de estos, siendo estos en los hechos, vil e ingenua carne de cañón.

El ya citado estilo personal de gobernar de Echeverría, si bien hizo que México no padeciera horrores como los del cono sur en esos mismos años, si tuvo su cuota de muerte y dolor, al grado de propiciar (involuntariamente) el inicio de la apertura democrática del régimen, con la expedición de la Ley LOPE confeccionada por don Jesús Reyes Heroles, ya como secretario de Gobernación de José López Portillo, donde también, y no por nada, lo envió a las antípodas como embajador (a Australia, Nueva Zelanda y las Islas Fiji).

En cuanto al caso que nos atañe, el del historiador y flamante funcionario de la 4T, Pedro Salmerón Sanginés, es penoso que se vaya así de boca, sin matizar sus declaraciones en cuanto al intento de secuestro y ¿accidental? asesinato de don Eugenio Garza Sada, abominable hecho y lamentable por donde se vea, pero habría que ir un poco más allá, al contexto vivido en aquellos años, el empresariado, en especial el regiomontano, empezaba ya a salirse de sus tareas como lo que eran, empresarios, y a empezar a inmiscuirse en política.

Quizás por eso Echeverría haya tenido la necesidad de poner un freno a tiempo, Garza Sada estaba por adquirir la influyentísima cadena de Diarios García Valseca, que a la postre fue comprada por don Mario Vázquez Raña, algo que a todas luces amenazaba con los equilibrios del país y con la contaminación del Estado con improvisados, hombres de empresa cuyo fin es el lucro, generando empleos y riqueza, es cierto, pero que cuando lograron su cometido, vía el PRIAN del presente siglo (desde el año 2000) de meterse hasta la cocina de la política mexicana, muchas cosas se echaron a perder, borrándose de entrada, la línea divisoria entre lo público y lo privado, acentuando la desigualdad, la injusticia, la corrupción y, por si fuera poco, la mismísima paz social, activo mexicano que se conservó, para admiración de buena parte de la comunidad internacional, por décadas.

No por nada, la esencia de la cuarta transformación es esa: separar al poder político del económico. Quizás, sólo quizás, si Luis Echeverría movió algunos de sus resortes para que aconteciera lo de Garza Sada, en 1973, el tiempo le dio toda la razón, tristemente así es. El gran empresariado, convertido hoy en la más feroz reacción contra el actual gobierno, no ceja en sus afanes, por medio de la Coparmex y su líder, Gustavo de Hoyos, piensa en formar un proyecto de nación propio (“alternativo”), y sólo eso ilustra su falta de imaginación y oficio en cuanto a temas políticos se refiere, con el Tec de Monterrey como punta de lanza, cuya área de gobierno y administración pública encabeza uno de los niños que fungieron como secretarios de Gobernación en el sexenio de Felipe Calderón, mismos que se desempeñaron como lo que eran, unos imberbes improvisados que, como chivos en cristalería, dejaron a México a la deriva en lo que a gobernabilidad se refiere; el que dos hayan muerto en accidentes aéreos, posiblemente se deba a eso mismo: se metieron al mar sin saber nadar.

Crean algo: es preferible que el PRI salga avante en su proyecto de renovación y formación de nuevos cuadros, a que el empresariado regrese a encargarse de cuestiones de Estado, ya lo dijo don Pepe Mujica, “al que le guste la plata, que se vaya a la industria o al comercio, pero que se aleje de la política”, y no pudo tener más razón. Zapatero a tu zapato. n