Posibles escenarios para el PRI

Escrito por  Ginés Sánchez Sep 10, 2019

El gobernador con licencia de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, ya presidente nacional del PRI, su reto es enorme; nunca antes en la historia de ese instituto político había estado en una coyuntura de crisis de estas dimensiones.

Tiene el señor Moreno sólo dos posibles escenarios en el horizonte: el de sacar a su partido, poco a poco (primero salvándolo de la muerte, que supondría, en un límite ni tan improbable, su pérdida de registro y desaparición), del agujero en el que no sólo está metido, sino del que no parece su caída encontrar aún el fondo, y para estas dos opciones en la altísima apuesta del joven político campechano tiene dos trajes, el de heroe y el de sepulturero; el segundo es el más sencillo de usar, simplemente continuar con una dirigencia cegada ante los errores, desviaciones y abusos cometidos por el tricolor en los últimos 18 años, y es ahí donde radica una de las claves de su éxito o fracaso, y me explico: Alito Moreno debe saber diferenciar muchos matices, tanto de historia, de tiempo, de ideologías y de personas con nombre y apellido. De nada le serviría siquiera cambiar de siglas, logo y estatutos, en una refundación de forma y no de fondo; el Revolucionario Institucional tiene demasiado de donde agarrarse, y sus francamente mediocres últimos liderazgos nunca entendieron que no entendían.

Para empezar, el PRI debe apelar a su origen, y quizá esta sea su más alta divisa. Es un partido sui géneris no sólo en México, sino en el mundo entero; nace, ni más ni menos, que de la primera revolución política y social del siglo 20; encarna, por si fuera poco, la tercera gran transformación de la vida pública del país, una que costó demasiadas vidas, varios cientos de miles, y dos décadas de inestabilidad y caos en el país, pero para convertirlo en un país de instituciones de avanzada, en un Estado unficador de todos los intereses e ideologías nacionales; uno que dotó a este país de progreso (recogiendo las demandas sociales más sentidas y añejas), crecimiento económico, desarrollo, identidad y orden y paz social por casi ocho décadas.

Todo lo anterior, inexplicablemente, no se lo oímos decir hace muchos años a ningún líder priísta.

En segundo lugar, el PRI de Moreno Cárdenas debe saber diferenciar los personajes que le hicieron daño y desviaron su destino al grado de perder de vista su origen y esencia, y no es a partir de Miguel de la Madrid, presidente con un sentido de la honestidad y la mística del servicio público sólo comparado a los dos Adolfos: Ruiz Cortines y López Mateos, sino también con convicciones aún apegadas a nuestro glorioso nacionalismo revolucionario.

El problema viene desde el año 2000; el PRI no supo ser oposición, y lo más fácil para ese instituto político fue, ya no digamos aliarse, sino plegarse por completo al proyecto de nación panista, uno que ni el nombre de proyecto debería llevar. Ultraderecha, entreguismo, conservadurismo, ineptitud, ausencia total de mística para gobernar, y una lista interminable de taras de un partido que sólo ha sido un club de burgueses, a las órdenes de un puñado de intereses de los llamados poderes fácticos.

Así, como un auténtico cirujano eminente, Alejandro Moreno tiene que saber diferenciar, en su intervención quirúrgica mayor, lo que debe extirpar del PRI y lo que debe conservar e incluso exaltar, y ahí viene la cuestión de los nombres también.

Como vemos, no tiene tanto margen de acción el señor Moreno, pero no carece de él y de opciones reales de comenzar a salir de la hondísima crisis de su partido. A todo, con sólo dos de muchos otros indicadores nos pueden ilustrar diáfanamente la desgracia nacional heredada por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador que, dicho sea de paso, parte de su éxito radica simplemente en haber ocupado el lugar que dejó abandonado el PRI en su aventura con el Partido Acción Nacional y también de sus inconfesables excesos cometidos; dos temas mencionamos, para ilustrar los resultados de dicho amasiato: uno es del aumento exponencial y brutal, innecesario, además, de la violencia, originado por una guerra absurda a los grandes cárteles del narcotráfico a partir de enero de 2007, con ausencia, ya no digamos de una estrategia, sino siquiera de un diagnóstico, y el segundo donde se puede observar el proceso de abandono del sector energético y Pemex, nuestra empresa paraestatal insignia.

Todo esto, claro está, dentro del periodo comprendido desde el año 2000 al 2018, donde de 2004 al año pasado se ve, por un lado, un marcado descenso en la producción de crudo, y por el otro, un ascenso sostenido en la importacion de gasolinas desde Estados Unidos.

La esencia revolucionaria, pues, del Revolucionario Institucional, se perdió casi por completo, de no ser por sus hondas raíces históricas; es el último tren para el partido tricolor, ¿lo tomarán con Moreno Cárdenas a la vanguardia?. n