Abyección periodística

Escrito por  Ginés Sánchez Ago 06, 2019

Una tarde de la semana pasada, y también ya por la noche, vi programas de noticias y de análisis político, cosa que no hacía yo en meses; un rato en Tele Fórmula, otro más en Milenio Tv. Mi experiencia fue la de algo grotesco, por decir lo menos.

Comenzaré por lo que vi en el noticiero de Pepe Cárdenas, conductor que odia desde el fondo de su alma al hoy presidente, máxime desde aquella tarde en que Andrés Manuel (aún candidato) le dio, al aire, una auténtica cátedra de dos materias: periodismo y ética, lo que enfureció al señor Cárdenas, no sólo (muy visiblemente) en ese momento, sino hasta el día de hoy, según lo pude constatar ayer mismo.

Después de estar casi una hora completa el referido José Cárdenas despotricando y desinformando respecto a la adición y reforma de un puñado de artículos al código penal en Tabasco, hubo un enlace telefónico con el gobernador de aquel estado; ahí las cosas fueron mal para el periodista desde un principio, cuando llamó con un apellido erróneo a Adán Augusto López; acto seguido, el gobernador tabasqueño explicó, con una paciencia y temple que yo, por ejemplo, no habría podido tener, el espíritu mismo y la naturaleza de los referidos cambios a la ley efectuados en aquel Congreso local por una iniciativa del Ejecutivo; el motivo, lo sabemos, es el de evitar chantajes de plantones a las empresas encargadas de hacer obra pública, lo que supone en aquella entidad (y otras partes del país) ya una auténtica industria de la extorsión a gran escala.

De ahí vino lo mejor: el gobernador Adán Augusto López fue arrinconando a Pepe Cárdenas hasta que éste, como era de esperarse, tropezó; lo hizo con una sola frase: “No he leído aún los artículos reformados en el código penal”. Así como lo leen. ¿Cómo, entonces, hizo Cárdenas para estar una hora denostando y torciendo la información de la que él mismo bautizó como Ley Garrote si no había leído siquiera, ya no digamos el código penal completo, sino sólo la pequeña parte del mismo que fue reformada?

De ahí cambié a MilenioTv y fui testigo de una desproporción vulgar en la presentación de la información: a la hora de tocar el tema de los más de 120 millones de dólares que el abogado del ex presidente Peña y otros políticos movió en bancos de Andorra, según investigación en marcha de las autoridades españolas, se limitaron a unos segundos, a sólo mencionar la nota en los titulares, así como a la información que circula del citatorio de la Fiscalía General de la República a Rosario Robles, denotando incluso cierta prisa, en mencionar de manera fugaz información que les pareciera francamente incómoda a ellos. Después, ya en los noticieros, absolutamente borradas esas noticias, cero detalles para la audiencia; a la luz del actuar de la línea editorial de dicha televisora; sólo fueron mencionadas dichos encabezados para llenar el expediente de la imparcialidad periodística, pero hasta ahí, sin un afán de disimular siquiera.

Poco más tarde llegó el turno de un programa de Carlos Puig en la ya referida Milenio Televisión, donde gastaron la media hora a buscar “terribles excesos” del presidente López Obrador, que básicamente se centraron en algo: “López ha dicho reiteradamente que la mentira es del Diablo y que la verdad es cosa de Dios”, insistía el invitado de Puig, Rafael Pérez Gay, secundada por una comunicadora desconocida por mí, que jamás pude ver y cuyo nombre no oí; “es que todo eso ya nos trajo una mortífera guerra”, en patética referencia a la Guerra Cristera ocurrida en México en los años 30 del siglo pasado, insistía el hermano del gran José María Pérez Gay, ya dolorosamente desaparecido, esta ridícula alusión a la cristiada de, sí, hace más de 80 años.

Y en ese tema se les fue el programa completo. Así como el que lea esto no pueda creerlo, igual yo, me encontraba absorto ante ese nivel de abyección periodística. Si ese va a seguir siendo el nivel de la actual oposición en México, sólo me gustaría externar algo: siguiendo ese camino sólo lograrán un cometido, que es sólo uno, fortalecer (sí, aun más) al Presidente de la República. n