Imprimir esta página

Rostros renovados

Escrito por  Ginés Sánchez Jul 30, 2019

El joven periodista y analista político Gibrán Ramírez, identificado con las causas progresistas, ha venido como una bocanada de aire fresco al debate público nacional. En cuanta mesa de análisis o debate es invitado, hace pedazos a sus interlocutores, sencillamente por dos razones principales: la hoy oposición, que fue gobierno de 2000 a 2018, carece de asideros intelectuales y argumentos con los cuales articular un mínimo discurso opositor a la actual administración lopezobradorista, y resulta comprensible porque los antes mencionados 18 años (por no irnos unos cuantos sexenios aún más hacia atrás) en que tuvieron la enorme oportunidad histórica de llevar a la práctica sus postulados y aun sus doctrinas e incluso dogmas, resultaron, a la vista de todos, un rotundo fracaso, en casi todos los indicadores de donde se guste buscar.

Ante lo anterior, referido a Gibrán, la oposición sólo puede acudir en auxilio a un último recurso, así sea aberrante: buscar en las características físicas del joven periodista algún (según ellos) defecto. No se detienen a pensar que, al igual que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, Gibrán Ramírez no proviene de las élites político-económicas mexicanas, sino del pueblo mismo; la oposición ha tratado de colocar figuras también con un aire novedoso y joven, y no ha atinado más que al ridículo monumental. Sus nombres lo dicen todo: Chumel Torres, Pedro Ferriz Hijar y una sobrina del ex presidente Felipe Calderón, de nombre Mariana. Además de ellos, las voces, los nombres y las caras que escuchamos, leemos y vemos en los medios están presididos por un señor al cual llevamos décadas viendo cómo destila odio y abusa del servicio público: el ya anacrónico Diego Fernández de Cevallos.

Diego, Felipe Calderón y Vicente Fox son los blasones de la oposición. Parece surreal, y seguramente es parte del surrealismo que André Breton y Salvador Dalí vieron en México; pero es así. Ante esto, no debiera sorprender a nadie que la oposición a la 4-T no pueda sino hacer agua e irse a pique. El señor Fernández de Cevallos al mexicano promedio no hace sino el efecto de una bofetada, con su pinta de pretendido conquistador español, barbado, corrupto y arrogante, deseando en lo más profundo de su ser que México fracase.

En cambio, Gibrán Ramírez es una estampa con la cual la inmensa mayoría simpatizamos, que no puede sino hacernos sentir una refrescante brisa de esperanza en un futuro cada día menos peor, de lo que López Obrador y México heredaron del prianato más cínico y vil, y que no son más que los primeros 18 años del presente siglo 21.

Pareciera irónico, pero el PRI ha sabido ir articulando, si bien incipiente y muy tímida, una oposición en un puñado de personajes; uno es Enrique de la Madrid, que tiene la cara limpia para plantarse en cuanto programa o auditorio sea invitado, y se podrá estar de acuerdo o no con sus posturas, pero ahí está él, en el papel de una verdadera oposición, y lo más posible es que seguirá estando presente, señalando eventuales errores, omisiones e incluso abusos del sexenio lopezobradorista, que en todo gobierno en el mundo, en cualquier época o lugar, los ha habido y los habrá. n