La muerte como espectáculo

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Jul 19, 2019

La violencia en la Internet y la publicación de un sinfín de videos con imágenes dantescas, balaceras, decapitaciones, violaciones, pornografía, torturas, son cotidianas en las redes sociales, mejor definidas como violencia cibernética.

Las nuevas tecnologías de la información y los espacios donde se exponen las vidas personales han sugerido nuevos tipos de violencia, además de modos afectivos y sexuales, con impacto en la violencia de género, física y psíquica. Los grupos criminales utilizan la red social para lanzar amenazas y exponer cualquier tipo de atrocidades.

Los adolescentes están haciendo uso y abuso de la tecnología de la información, en general durante el ocio y el tiempo libre; nuevos modos de relaciones viven los jóvenes en las redes sociales, además de la exposición pública de imágenes violentas, humillantes, amenazas y acciones de ridiculización.

Entre este fenómeno se presenta el ciberacoso o ciberbullying, la agresión sostenida y permanente que casi siempre se repite y que perpetran sujetos con total impunidad, además de muchas otras maneras de acoso, como acciones deliberadas con carácter de engaño, relaciones que constituyen delitos, entre ellas el acoso sexual, delitos de impunidad hacia la persona y su honor, lesiones, vejaciones y otros agravios, hasta la tortura, la inducción al suicidio y la difusión de imágenes íntimas.

La violencia en la Internet, sea verbal, física, psicológica o sexual, llamada también ciberbullying, está presente en planteles educativos de manera permanente. Se ha planteado erradicar la violencia en todas sus expresiones, incluida la violencia consentida en los hogares.

Desde hace unos años circulan en la Internet videos que contienen escenas de una extrema violencia, en los que el espectador asiste a torturas, violaciones y degüellos auténticos. Evolución digital de las snuff movies, o del hyper-hard pornográfico, estas grabaciones del sufrimiento, de la humillación y al final la muerte –real, no simulada– de un ser humano, hoy pueden ser contempladas en la red sin ningún tipo de restricción.

La doctora en filosofía y profesora Michela Marzano ha hecho un ensayo sobre la muerte como espectáculo, la difusión de la violencia en la Internet y sus implicaciones éticas. Tras estudiar filosofía en Pisa y Roma, se doctoró con una tesis dedicada al estatuto del cuerpo humano en la sociedad contemporánea. En 1999 se trasladó a Francia y al año siguiente ingresó en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS). Interesada sobre todo por la filosofía moral y la política, es autora, entre otros títulos, de Malaise Dans La Sexualité (2006), Philosophie Du Corps (2007), La Fidelidad o el Amor al Desnudo (2008) y Extensión Du Domaine de la Manipulation.

La filósofa reflexiona en este ensayo, iluminador a la vez que terriblemente inquietante, acerca de estas macabras prácticas, y nos insta a tratar de entender por qué la muerte se ha convertido ya en un espectáculo buscado y deseado en las pantallas del ordenador. La creciente anestesia que sufrimos todos ante el dolor ajeno, el odio que se advierte en tantos foros de internautas y la “indiferencia ante la barbarie” que se dibuja en el Occidente contemporáneo plantean graves interrogantes sobre las coordenadas éticas de nuestra sociedad.

El presente es un estudio sobre la violencia real y el horror extremo puesto al alcance de todos los usuarios potenciales de la red. Una violencia y un horror que no son el producto de la simulación, sino muestran violaciones, torturas y decapitaciones perfectamente auténticas; una violencia y un horror que expresan la crueldad y la barbarie en estado puro, al igual que la pornografía, que a cada momento se generalizan como espectáculo cada vez más crudo. Los individuos quedan reducidos a cosas, llegando al fenómeno de la cosificación del individuo.

Por igual circulan en la Internet hostigamientos, crímenes a sangre fría y el degüello de prisioneros occidentales en Irak o Afganistán.

El fenómeno de la violencia en las redes sociales se ha masificado y cosificado, las imágenes extremas muestran el odio hacia el ser humano, el espectáculo de la barbarie, pero también la indiferencia ante el dolor y la muerte, que por desgracia es una realidad sin horror. n