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Asignatura rezagada

Escrito por  Ginés Sánchez Jul 16, 2019

El ex presidente de Perú, en dos periodos, Alan García, se suicidó hace pocos meses, de un tiro en la cabeza, ante su inminente detención por la policía, por cargos de evidentes actos de corrupción, relacionados con el caso de la multinacional petrolera brasileña Odebrecht. En varios países los escándalos de corrupción de esta empresa tienen a altos funcionarios en la cárcel y a no pocos ex presidentes.

Alan García sabía que le esperaban muchos años en una pequeña y fría mazmorra, y cual capo de la mafia prefirió quitarse la vida.

Tan sólo en el Perú no existe ya un solo ex presidente vivo que no esté o preso, prófugo o con un proceso penal en marcha, por no mencionar otros países del Cono Sur, el más emblemático, el mismísimo Luiz Inacio Lula da Silva, ex mandatario del gigante Brasil.

Como vemos, esto es independiente de las geometrías políticas de izquierda, centro o derecha.

En México, la empresa Odebrecht no es que no haya actuado con su enorme poder corruptor; todo lo contrario. De hecho, nos hemos convertido en la burla internacional en dos materias, la energética y la de aplicación de justicia; las cárceles están repletas de pobres, de esos que dice a diario el nuevo régimen defender, tan sólo unos 2 mil, por ejemplo, por el delito de portación personal de mariguana, mientras una mayoría importante de los personajes que han entregado y saqueado al país, durante los últimos 18 años, viven aun en el mejor de los paraísos de impunidad posibles.

Felipe Calderón, siendo presidente, utilizó el hoy museo de la ignominia, la residencia oficial de Los Pinos, como sede de una junta del consejo de administración de la multicitada empresa, hoy sinónimo de vileza en todo el planeta, y lo hizo abiertamente, con su sonrisa burlona y personalidad totalmente gris y apocada, misma que utilizó desde todo el proceso de fraude electoral que lo llevó, de manera espuria, al poder en 2006, hasta el día de hoy, en el que cínicamente le falta el respeto todos los días, hasta niveles oprobiosos, al presidente López Obrador, y no conforme con eso, está en el proceso de un sueño, completamente alejado de su triste realidad, de crear un partido político nuevo. No lo logrará.

Bien, si en Sudamérica ya se cuentan por varios los suicidios de importantes personajes, ligados a la política o a altas empresas, más la pléyade de delincuentes de cuello blanco que pasarán muchos años (tal vez toda su vida) en una cárcel, en México también se matan... pero de risa. Basten dos casos para ejemplificarlo, y que es inaudito que no purguen ya penas corporales: Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa y Emilio Lozoya Austin, sólo por mencionar los dos, al día de hoy, de los más cínicamente visibles y en el marco del muy particular caso Odebrecht.

El primer gobierno de la 4-T trabaja en el sentido de tratar de detener o revertir este rezago historico, sin duda, pero son tantos los agravios que, que como reza el tango, “seis años no es nada...”. n