Traidores a la democracia

Escrito por  Ginés Sánchez Jun 18, 2019

Domingo 2 de junio de 2019. En el estado de Puebla, el Partido Acción Nacional ha quedado al desnudo, evidenciado pública y abiertamente, ya sin dejo alguno de duda, como el instituto político mexicano de los fraudes electorales, el que traicionó a la democracia, el que dejó herida severamente a su arista electoral y sus instituciones, las que, paradójicamente, sus mismos integrantes ayudaron de manera protagónica a confeccionar, durante años de lucha.

Se podrá decir muchas cosas: que si el PRI fue maestro en fraudes. Pero habría que recordarles lo obvio: los fraudes del tricolor fueron en una época en que el sistema político mexicano estaba diseñado de otra manera, y toda la vida pública giraba en torno a un partido de Estado, que emanó de una revolución armada y dotó a México de un legado que lo puso dentro del concierto internacional de las naciones, en un papel nada despreciable, de entrada, a la cabeza indiscutible de todo el subcontinente latinoamericano.

El sistema priísta, que duró más de 70 años, era tácitamente un sistema aceptado por las mayorías, dada su indiscutible efectividad, que dio al país viabilidad y rumbo. No es casualidad que se haya incluso acuñado el término “fraude patriota”, pues, para empezar, no existía un sistema electoral que pudiera imitar a cabalidad a las democracias liberales occidentales. Esto no quiere decir que en México no hubiese democracia en todas esas décadas, sino que esta era tropicalizada; un sistema democrático a la mexicana, si cabe el término.

Bien, los fraudes que cometió el PAN, el de 2006 su mayor estandarte, fueron ya con un entramado institucional electoral que fue ejemplo al mundo entero los primeros años; repito, construido en parte y por muchos años por el blanquiazul mismo, y por supuesto, mucho más decididamente por la izquierda mexicana, desde sus medios, muy cuestionables si se quiere al principio, apostando durante un tiempo por las armas, hasta su crecimiento por la vía institucional, a partir de las reformas instrumentadas en 1977, en la administración lopezportillista, por el sabio estadista mexicano don Jesús Reyes Heroles, hasta la fractura, dentro del mismo PRI, de la parte más visible e ilustrada de su ala progresista, con la Corriente Democrática, escindida del hasta entonces partido hegemónico, para su participación decidida en 1988 como una oposición verdadera, pero ya no dentro del tricolor, sino con sus propias siglas, una coalición de partidos en ese entonces, que devino en la fundación de un partido fuerte por muchos años, hoy al borde de su desaparición (en cierta medida por sus exagerados acercamientos a Acción Nacional), como lo fue el PRD, en 1989.

Los panistas no deberían tener, hoy, cara con la cual presentarse a argumentar nada en su favor. El PAN se ganó su papel en la historia de México como el partido que traicionó a la democracia, que la pisoteó de la manera más ruin, porque si bien el PRI actuó no muy éticamente en las últimas elecciones para gobernador en Edomex y Coahuila, lo hizo mucho más sutilmente, por lo que no podemos saber cuál fue el nivel de influencia en los resultados finales, a diferencia de los ya conocidos fraudes de los blanquiazules. n