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La luz del mundo

Escrito por  Ginés Sánchez Jun 11, 2019

El penosísimo caso de la detención del pastor, líder de la iglesia La Luz del Mundo, apóstol de Jesús en la Tierra, como le llaman, porque están seguros de que lo es, todos sus feligreses y las imágenes, que llegan al paroxismo, transmitidas por televisión, de multitudes llorando, rezando y hasta revolcándose con gritos en el suelo por la llegada de la justicia terrenal a este violador, charlatán y criminal mexicano (claro que en el extranjero, porque en México una y otra vez constatamos que la cárcel sólo es para los pobres y los, de plano, muy idiotas), hacen que muchos perdamos la esperanza en transformación posible alguna, así se le anteponga el número que sea.

Cómo diablos vamos a poder hablar de una cuarta transformación si, por lo visto, no podemos aún superar la segunda, que supone lo que fue la Reforma y su consiguiente separación, de la enorme generación juarista, Estado-Iglesia; cómo, si vemos a algunos elementos del actual gobierno actuar contra la esencia misma de nuestro Estado laico al prestar o rentar el Palacio de las Bellas Artes al mismo personaje hoy ya preso en el extranjero y, lo que es peor, haber visto a los personajes ya citados ir a rendirle pleitesía a un presunto violador de mujeres y niños, lavador de dinero y pervertidor de la fe misma, vestidos de gala y hasta declarando el tamaño del honor que fue para ellos asistir.

El presidente Andrés Manuel López Obrador lidera la pretendida cuarta transformación del país, que tiene como eje principal separar el poder político del económico, eliminando excesos y corrupción, y llevando la efectividad al gobierno, para lo cual trata de inculcarnos a todos las virtudes cívicas, por tanto laicas, que todo ciudadano debe o en teoría debería seguir.

Pero con un pueblo sumido en la superchería ignorante, que hace más caso a un líder católico vestido con prendas anacrónicas, como es el papa Francisco, al decir que “el Diablo le tiene coraje a México”, que a los mensajes del secretario Alfonso Durazo en cuanto a los enormes esfuerzos realizados por la actual administración para pacificar al país.

El senador Martí Batres y el ex cantante del grupo Garibaldi y actual diputado federal de apellido Mayer tendrían mucho que explicar al país, lo mismo la secretaria de Cultura, Alejandra Fraustro, y quien sea el titular del INBA, por la profanación de nuestro hermoso Palacio (laico) de las Bellas Artes, convertido en un grosero templo por unas horas, bajo el pretexto de la presentacion de una ópera.

Tanto que se criticó, y con toda la razón, las violaciones constitucionales de Vicente Fox, al tomar posesión de su cargo con un crucifijo en la mano, y al PAN en general, por su admiración a la encarnación del Diablo, Marcial Maciel, y por creer que todas las fechorías de sus militantes serían perdonadas al ir a misa y al confesarse, para que al presidente AMLO le salgan con esa mentada de madre.

Estamos muy mal, hasta sobra repetirlo: México vive una profunda crisis integral, y de muy poco o de nada servirán los esfuerzos de la 4-T por mejorar la educación; de casi nada la divulgación de un texto como la cartilla moral de Alfonso Reyes, si nuestras pequeñas mentes siguen arraigadas en el Virreinato.

Lo peor del caso es una duda que me asalta: ¿Cuántos de esos feligreses que creen a pie juntillas en unos textos tan absurdos como son “las sagradas escrituras” no actúan como lo están haciendo como reacción a la detención judicial de su pastor-delincuente debido a sus inmensas cargas de conciencia y sus culpas por ser, precisamente, unos pésimos ciudadanos y personas?

Yo, en lo personal, me encuentro algo pesimista, al ver las imágenes de la mortificada grey de esta congregacion religiosa y el tamaño de su poder e influencia. Y es que mientras en los países más desarrollados del planeta se convierten iglesias y cárceles en cafés, escuelas y bibliotecas, en México vamos en sentido contrario: se están adquiriendo enormes cines viejos, teatros y terrenos para convertirlos en templos de no sé cuántas sectas oportunistas, al tiempo que la sobrepoblacion en las prisiones alcanza números récord. No queda más que exclamar tristemente: ¡Así no, México. Así no! n