Máxima obsesión

Escrito por  Ginés Sánchez Abr 09, 2019

Es un día sí y otro también, los dos ex presidentes panistas tienen como su máxima obsesión a Andrés Manuel López Obrador, y esto tiene ya casi 15 años, pero una cosa es criticarlo eventualmente como candidato, incluso soportando todo tipo de calumnias, difamaciones y felonías a su buen nombre y a su proyecto de nación, y otra muy distinta es ya ensuciar a la institución más importante de nuestra República: la presidencia.

Apenas, el día de ayer, el señor Felipe Calderón, seguramente envalentonado por haberse tomado una fotografía con el siempre sonriente Barack Obama, se atrevió a lanzar epítetos al Presidente y a su director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el señor Manuel Bartlett, estadista en toda la extensión de la palabra, si es que los hay. Bartlett contestó vía Twitter, ya que para entonces ya se había restablecido el servicio de energía eléctrica en parte de la península de Yucatán, brevemente suspendido y explicado a detalle sus causas; a Calderón no le importó, de forma inusitada continuó con una retahíla de descalificaciones, adjetivos y muy bajas insinuaciones, a todo el poder Ejecutivo federal.

De paso, deja entrever (habiendo sido este un problema eléctrico, como el que padecen a diario los venezolanos) la impresión en el país y mucho más aún en el extranjero, que el cuento del petate del muerto de que “México con López Obrador sería Venezuela” es cierto, la gastada cantaleta falsa de que “hay apagones, filas y desabasto” en el país.

Vicente Fox y Felipe Calderón devaluaron la investidura presidencial mexicana a niveles vergonzantes en sus periodos, gracias a sus nefastas administraciones, con el sello indeleble de la corrupción, la ineptitud y el entreguismo; durante 12 años, dejaron a una nación sin rumbo y a la deriva, raíz de la inmensa mayoría de los gravísimos problemas que hoy padecemos todos, y que se tardará años para ir corrigiendo el rumbo.

Parece ser que los señores expresidentes blanquiazules no se dan cuenta quién detenta el poder en México, y un poder presidencial tan legítimo y fuerte como no se veía desde varias décadas atrás.

Por cierto, que los ex presidentes priístas nunca enrarecen el clima político nacional, ni mediante tuits (solo Enrique Peña Nieto tiene cuenta y la usa solo para dar pésames), ellos portan su condición de ex presidentes con la dignidad con la que mandan nuestras reglas no escritas y el más puro sentido común.

Saben que su tiempo y oportunidad histórica, simple y sencillamente quedaron en el pasado, y contribuyen a la causa de su país de otras maneras, muy lejanas a las de un borracho de cantina, como tristemente lo hacen a diario los panistas, derrotados tanto electoral como ideológicamente.

Lo que muchos millones de mexicanos no comprendemos, es el por qué no hay un fuerte castigo a estos dos personajes, que si el retiro de las millonarias pensiones: eso les da risa, salieron de Los Pinos siendo multimillonarios, las pensiones en cuestión representan morralla para ellos; que si a diario queda en evidencia lo desastroso de sus gestiones, con las evidencias mostradas en sus conferencias de prensa matutinas: esos señores no tienen vergüenza ni dignidad, tienen la piel más gruesa que un elefante, y si tienen que pasar el resto de sus vidas burlándose de todos los mexicanos, para ellos aún mejor. Mientras gocen de plena libertad e impunidad e incluso un falso prestigio en el extranjero, profesado este por los líderes de las potencias a quienes entregaron buena parte de los bienes nacionales.

Teniendo órganos de inteligencia el Estado mexicano, y habiendo evidencias de sobra de los abusos e ilícitos cometidos por estos dos Señores, ¿por qué no se procede jurídicamente, ya sea contra ellos o cuando menos con alguno de los miembros de sus fallidos gabinetes?, ¿por qué en todo el subcontinente latinoamericano hay expresidentes en la cárcel por el caso  y otros más de corrupción, y México, rebajándose al nivel de un país bananero carente del más mínimo Estado de derecho, no tiene a nadie procesado?

Felipe Calderón llegó al límite de convertir la ex residencia oficial de Los Pinos en una sucursal de las oficinas de la brasileña Odebrecht en México y ahí se llegaron a celebrar reuniones de su consejo de administración de manera pública y cínica. Eso representa una burla para la nación en su conjunto, un pisoteo al Estado mexicano, y podría seguir y terminar escribiendo un libro, ¿se nos olvida ya que debido al fraude electoral de 2006, México se convirtió en un campo de horrores y exterminio y aún vive una crisis humanitaria, por su posterior invento abyecto de la guerra al narco?

Señor Presidente, no creo que tenga usted tiempo de leer mi texto, pero créame que si tuviera hablar con usted le recordaría que las faltas de respeto a su persona e investidura lo son también para millones de mexicanos, para el país, la nación, el Estado mexicano en su conjunto, y son un escupitajo a la patria misma. ¿Somos o no somos la autoridad? n