Roma

Escrito por  Ginés Sánchez Feb 26, 2019

Roma recuerda a una película mexicana de 1948, Una familia de tantas, dirigida por Alejandro Galindo, estelarizada por Fernando Soler y con la participación en la escenografía ni más ni menos que de Gunter Gerszo. Este largometraje trata de una familia tradicional mexicana de la época, cuando el conservadurismo y la incipiente modernidad en la vida social mexicana ya chocan, y es de una naturalidad en los personajes y en la trama que es como si se repitieran en algunas de sus características actorales, en cierta medida, 70 años después, cuando los dramas, las pasiones y las alegrías de la vida cotidiana son el centro de la obra; esa es la esencia, precisamente, del rotundo éxito mundial de Roma.

El gigante mexicano de la dirección cinematográfica Ismael Rodríguez dejó para la posteridad una frase: “El rico y el pobre no se aman porque no se conocen”. En México sigue más vigente que nunca, a la luz de algunas reacciones a la multicitada película, mucho más que de racismo, de clasismo.

El primero, más bien, en nuestro México se cura muchas veces simplemente con dinero; pero no quiere esto decir que el racismo no exista; ahí está, agazapado, disfrazado muchas veces de filantropía; un fenómeno que no se diferencia mucho de lo que Donald Trump sacó del clóset de millones de estadunidenses.

Hay muchos connacionales que odian a Benito Juárez. Si supieran esto en el extranjero, pensarían que somos un país con muchos estúpidos. Si se enterasen de las reacciones al éxito de la actriz oaxaqueña Yalitza Aparicio, dirían o pensarían exactamente lo mismo.

Un México lleno de complejos tal vez también sea una parte de la explicación de por qué tantos mexicanos le profesan un odio insano e irracional a su presidente: no soportan que un personaje de “la provincia”, de tierras tropicales y nacido en el seno de una familia de clase media, y a fuerza de sus propios y enormes esfuerzos y virtudes haya llegado a la cima de su actividad profesional, y más aun, esté de lado de las clases populares. La sicología del mexicano es muy compleja. Esto viene de siglos, y hay varios ensayos que han tratado de darle alguna explicación y a sus motivaciones.

La escena en la playa de Roma nos pone en claro que todos somos seres humanos; que por más o menos oropel, este mundo lo compartimos, guste o no a algunos. La frase de María Félix referente a la supuesta falta de importancia del dinero resumida en aquello de que “no es lo mismo llorar en un Ferrari” tal vez la contradiga la escena en que la familia viaja en el Galaxy a la playa; ahí las dos mujeres, de distintas clases sociales, van llorando por dentro, por igual y sin distingos, su propio drama de vida.

En cosecha de estatuillas en la reciente entrega de los premios Oscar, el solo hecho de las 10 nominaciones la convierte ya en un éxito rotundo; si la joven actriz mexicana Yalitza Aparicio no obtuvo el galardón a mejor actriz, es lo de menos; los premios son efímeros; las obras maestras perduran por décadas, sobreviven a su mismo creador. El colega de Cuarón, Guillermo del Toro, ya lo dijo: Roma está entre las cinco mejores películas que ha visto en toda su vida; en la historia del cine, para ser más precisos; y yo comparto ese punto de vista, y como yo, creo que lo hacen muchos miles más, expertos o no en el tema.

El cine mexicano vive una segunda época dorada, y tal vez sería el tiempo en que los tres directores, los llamados “tres amigos” –Cuarón, Del Toro y Alejandro González Iñárritu–, exploraran la posibilidad de un proyecto de grandes dimensiones, como lo sería la recreación de la Conquista de América, de la Nueva España (está próximo el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlán, en 2021) y demás territorios, hecho que muy posiblemente sea el más relevante de la historia de la humanidad.

El término “choque de dos mundos”, como le llaman no pocos historiadores, lo ilustra; sería el símil de que hoy en día llegaran seres de otro planeta y nos fundiéramos, a la postre, en una nueva civilización.

Y todo esto tuvo como escenario principal, casualmente al igual que Roma, lo que hoy conocemos como Ciudad de México. n