Roma

Escrito por  Ginés Sánchez Feb 19, 2019

El director de cine mexicano Alfonso Cuarón vino a revivir la época de oro del cine mexicano ya bien entrado el siglo 21. Roma es sencillamente una obra maestra del séptimo arte, y esto no lo digo yo, alguien nada versado en cuestiones cinéfilas, he pasado años completos sin pisar una sala de cine, pero esto es por la simple razón de que lo que proyectan las salas, lo que se da en llamar el cine comercial, carece cada vez más de sustancia: producciones multimillonarias centradas en las mismas historias vacuas de matazones y temas trillados, donde la consigna parece ir dirigida a una competencia centrada en los efectos especiales cada vez más avanzados en lo que a tecnología se refiere: sonidos de explosiones que hacen temblar el piso y tomas tan elaboradas que rayan ya en lo absurdo de la irrealidad. El cine, pues, alejándose de la esencia misma del cine mismo, del arte.

A todo esto, la cinta viene en un momento de la vida nacional mexicana donde se respira una atmósfera de cambio; los olvidados, que cada vez han venido a ser más millones de seres humanos, los mismos de Buñuel, pero multiplicados exponencialmente y sumados a una decadencia ya no sólo material, sino moral, llegando a un escenario de falta casi total y generalizada de escrúpulos, originado este fenómeno en las elites, y ya habiendo permeado al resto de la pirámide social.

La emancipación se refleja, casualmente o no, en el triunfo total de una joven oaxaqueña de raíces mixtecas, joya descubierta por Cuarón que hoy maravilla al mundo, pero que tiene sus detractores, muchos pensarían que en otros países, pero no: desoladoramente en México mismo.

La parábola de la cubeta de los cangrejos, donde una llena de estos animales japoneses se ayudan entre ellos para salir, al final lográndolo, junto a una similar de mexicanos, eligiendo la estrategia de jalarse unos a los otros, con el consabido resultado: muy pocos, o tal vez ninguno, logran su objetivo.

Desde la afamada y experimentada actriz, con décadas de trayectoria en la pantalla grande, Patricia Reyes Spíndola, quien sin más sentenció que la joven Yalitza Aparicio “no tiene vocación actoral” y que su trayectoria será tan efímera como la flor de un día, pasando por otra actriz de muchísimos años, Laura Zapata, con una declaración tan vulgar como la cita del refrán popular de “la suerte de las feas...”, o la cantante (y también actriz) Yuri, con su “para ser actriz tienes que ser bonita; ella es todo lo contrario”, hasta llegar al caso de una conductora de televisión anónima a nivel nacional, de Monterrey, donde declara que Yalitza no es actriz, que solo actuó como lo que es, “fue lo que es, Cleo siendo Cleo, pero nada más”. Todo lo anterior, sólo por mencionar un puñado de estas tristísimas expresiones, pero el hecho es que han sido muchas más, con el agravante de que han subido el tono hasta llegar a ser abiertamente vulgares e incluso con cierta carga de odio.

Los griegos hablaban del Phatos en el contexto de la retórica; este concepto se refería a la capacidad del orador de transmitir de manera natural a la audiencia emociones, pensamientos y sentimientos; en un modo que emanaba de la esencia del alma misma. Bien, habría que hacerles saber a todas estas luminarias, al parecer inoculadas con el sentimiento más vil y de veneno mortal, que es la envidia, que Yalitza Aparicio posee el mencionado Phatos, es decir que es una actriz nata, y el que triunfe de esa manera en su primera cinta no le resta mérito alguno; antes, al contrario, le suma. n