Asociaciones a la carta

Escrito por  José de la Paz Pérez Feb 18, 2019

Cuando escuchamos o leemos sobre una asociación civil (AC) evocamos casi siempre a un grupo de personas que, de manera desinteresada y altruista, ayudan a los demás, aunque en la realidad no siempre sea así.

Y no queremos decir tampoco que –como lo cree otra parte de la población– estas entidades sirvan para evadir impuestos, visión fuera de contexto, porque lo que realmente ocurre es que existen empresas que en vez de pagar directamente al SAT, “donan” dinero a estas asociaciones, las cuales les dan recibos que son deducibles de impuestos.

Quienes manejan una AC que se presuma “sin fines de lucro” muy difícilmente podrían usarla como una plataforma para allegarse personalmente de fortunas, porque las leyes mexicanas las obligan a justificar cada peso que entra y cada peso que sale.

Lo anterior tampoco significa que todas las organizaciones sean “blancas palomitas”, y eso lo ha expresado recientemente el presidente Andrés Manuel López Obrador, a propósito del subsidio que ha retirado a las estancias infantiles debido a irregularidades detectadas en la asignación de recursos públicos.

“Ya no vamos a entregar recursos a organizaciones sociales, ni las llamadas de la sociedad civil; para eso está el gobierno. Si el dinero pasa por muchas oficinas administrativas, o pasa por organizaciones, no llega o llega muy poco, porque hay piquete de ojo o hay moche; entonces queremos que llegue completo”, dijo el pasado 5 de febrero.

Esperemos que el Ejecutivo federal en la realidad no se ensañe con el resto de las AC, porque no todas pueden ser “cortadas por la misma tijera”; sería una aberración.

Aunque, por otro lado, este tipo de sociedades no precisamente tendrían que esperar la ayuda del gobierno para operar, sino que deberían estar orientadas más a recibir ayuda de la propia sociedad, que es a la que finalmente sirven.

La simbiosis sociedad-asociaciones queda establecida en la opinión que nos da Lizbeth Lacunza Calderón, presidenta del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (Amanc) Guerrero: “La sociedad civil tiene un papel importante porque sin ella entonces Amanc no podría subsistir, porque de ella vienen las aportaciones”.

Es decir que la sociedad se involucra en causas que le muevan el corazón, la asociación en cuestión recibe dinero o apoyos en especie que finalmente van a dar a esa parte de la sociedad necesitada ya sea de alimento, ropa o de medicina para sanar algún tipo de enfermedad.

El camino de la ayuda se podría resumir entonces así: sociedad colaborativa-AC-sociedad necesitada, de acuerdo con aquellas que trabajan directamente con la gente.

“La gente nos apoya participando en rifas, donativos económicos o en especie; hay empresas importantes que se suman a esta causa y que a través de donaciones en especie podemos atender las necesidades de hospedaje, alimentación y transporte; por eso es que podemos atenderlos al 100 por ciento, para que el tratamiento del niño no se suspenda y pueda seguirlo hasta el final de todo el proceso”, relata Lizbeth Lacunza, quien el fin de semana pasado estuvo involucrada en las actividades del Día Internacional del Cáncer Infantil.

En Guerrero hay muchas asociaciones civiles que sólo son conocidas por aquellas personas a las que les llega el beneficio, debido, entre otras cosas, a que disponen de escasos espacios en los medios de comunicación o porque su causa no resulta atractiva para reporteros o los propios jefes de información.

“Se trata de brindar amor y, sobre todo, dar esperanza”, dice Leonor Valderrama, quien preside la asociación Ayudando Por Amor, entidad que estuvo involucrada en las actividades del Día Internacional del Cáncer Infantil y que constantemente proporciona apoyos a gente vulnerable de todas las edades.

Hay agrupaciones, como la Asociación Civil Acapulco, mejor conocida como Grupo Aca, (lo de asociación civil sólo lo lleva en el nombre, pues no aparece en el Registro Federal de las Organizaciones de la Sociedad Civil, y en la Fanpage de Facebook se define como organización política), que aparecen mucho en la prensa, pero que no se sabe qué beneficios aportan a la sociedad.

Aparte de reunirse para desayunar, que no debería ser la principal actividad del Grupo Aca, como lo reconoció su propio presidente una vez electo en diciembre pasado, Raymundo Benítez Buenrostro, muy poco, o nada, han hecho por Acapulco.

Se dicen muy críticos; sí lo son; durante sus reuniones de cada miércoles algunos cuestionan severamente al invitado cuando se trata de alguien con quien no comparten ideología o maneras de ver las cosas, pero hay quienes les alaban cuando son de su agrado –aunque digan luego que no son matraqueros ni porristas–, o cuando se trata de personajes de gran peso: el gobernador, por ejemplo.

Sí, muy bravos, muy críticos, muy amigables; es lo de menos. ¿Y las acciones reales a favor de la sociedad? No se ven, o están muy ocultas… ¿lo que haga tu mano derecha que no lo sepa la izquierda? Lo dicho, hay asociaciones para todo: a la carta, pues. n