Pemex y Fitch

Escrito por  Ginés Sánchez Feb 05, 2019

La baja de grado a la paraestatal mexicana Pemex por la calificadora Fitch se da, casualmente, no durante la gestión pasada, la de Enrique Peña Nieto, que es la responsable final de su situación actual, sino que lo hace justo al comienzo de la actual, la del presidente Andrés Manuel López Obrador, y sobran los sicofantes que sugieren a los cuatro vientos que dicha baja en la calificación cuasisoberana es responsabilidad del incipiente sexenio lopezobradorista y sus decisiones y líneas de acción trazadas en materia energética para su sexenio y los que sigan, es decir para la bien llamada cuarta transformación.

Bien, si la mencionada Fitch emite ahora ese cambio y no en octubre o noviembre pasados (por ejemplo) es simplemente a manera de agradecimiento a la sumisión de la administración Peña Nieto-Videgaray para con el gran capital (sobre todo internacional) en cuanto a la instrumentación de la reforma energética, que abre el marco a que las empresas multinacionales petroleras puedan invertir a placer en México, dándose un curioso fenómeno al ya haberse aprobado dicha reforma estructural en la materia: pasar de la versión de que “los yacimientos de crudo en México se habían agotado” a los milagrosos descubrimientos de enormes yacimientos que a continuación siguieron.

La llegada de López Obrador a la Presidencia supone, tal vez no la derogación de la reforma en cuestión, ya que amplía el marco jurídico constitucional al Estado mexicano y le da un mayor margen de maniobra, pero sí la implementación de la política en el sector con criterios muchísimo más nacionalistas.

El revertir los efectos de la reforma para que el Estado mexicano recupere su empresa productiva petrolera y no se limite al entreguismo cómodo y antipatriótico es prioridad para el nuevo gobierno.

Si Fitch no toma en cuenta los esfuerzos por terminar con el robo de combustible y otros modos de corrupción más en Pemex, es más que absurdo. Lo que la calificadora sí conseguirá por medio de su revisión de nota es una deuda disponible para la paraestatal mexicana mucho más cara, al tener disponibles instrumentos con mayor tasa de interés y plazos menos amplios en sus obligaciones contraídas con el mercado de dinero con el exterior.

El gran capital internacional, por medio de sus muchos instrumentos, como lo son también las grandes empresas calificadoras, cuando no presiona, de plano castiga, y eso es precisamente lo que encierra la baja en la nota cuasisoberana a Pemex, que incluso pondría no lejos de un hipotético escenario de baja también en la calificación soberana de riesgo-país para México.

Es decir que si México no representa ya una extraordinaria posibilidad para los inversores de participar de la renta petrolera mediante el mercado de capitales, o sea directamente y en propiedad de nuevos yacimientos y otras actividades relacionadas y participando directamente de sus jugosas utilidades, los inversionistas tienen la oportunidad de exprimir a Pemex mediante el mercado de deuda, tomado sus bonos con ganancias que serán mucho mayores a las que serían sin dicho cambio en la calificación crediticia.

Las energías emanadas de los combustibles fósiles no están tan cerca de desaparecer, ni de ir menguando su potencial en cuanto a rentabilidad; de hecho, todo parece indicar que el mercado internacional de petróleo se encamina a un periodo de alza en los precios, y esto se puede observar en señales como la prisa de Estados Unidos por remover al actual gobierno de Venezuela, ya habiendo declarado a la prensa, cínicamente y sin ambages, la intención de las empresas energéticas gringas para producir y procesar el crudo venezolano.

La administración lopezobradorista no caerá en burdos chantajes y presiones de este tipo; simplemente continuará con el rescate de nuestra industria energética en general, y petrolera en particular, y eso ya está en marcha y nada lo detiene, pero sí hay algo inevitable: el tigre o el buitre no se podían ir sin algo de la presa, con las garras vacías y sin dar un zarpazo, y esto es, precisamente, lo que supone la baja en la calificación crediticia a Pemex por Fitch. n