Periodismo muerto

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Dic 14, 2018

Periodismo muerto es el título del libro publicado por Bernardo Díaz Nosty en Ediciones Temas de Hoy de Grupo Planeta. Señala que más de mil periodistas han sido asesinados en América Latina en 45 años (1970-2015).

La Organización de Estados Americanos (OEA) señala que el asesinato de periodistas constituye la más grave violación del derecho a la libertad de expresión.

Más de mil 50 periodistas asesinados y desaparecidos (unos 22.8 casos al año) hicieron de América Latina el escenario más peligroso del mundo para el ejercicio profesional entre 1970 y 2015, incluso que países sin guerras oficialmente aceptadas.

Desde las dictaduras hasta el narcopoder, desde México y el Caribe hasta el Cono Sur, ningún otro libro entrega una radiografía tan profunda sobre este problema; un mal ya endémico que exige solución urgente. De no resolverse, las sociedades latinoamericanas –junto con la libertad de prensa– perderán todos los derechos por los que han luchado.

Con una bibliografía exhaustiva y un análisis tan riguroso como aterrador, Bernardo Díaz Nosty nos muestra cómo la crisis de justicia produce impunidad y perpetúa la ley del terror.

“Antes de llegar al asesinato suele producirse el acoso sobre el periodista y sus familiares, las agresiones físicas, la estigmatización, las extorsiones… Todo ello conduce a la quiebra de la independencia profesional, a la renuncia de la actividad periodística, al exilio, cuando no a la claudicación y a la entrega a las condiciones que establece el enemigo”.

Allí donde existen la violencia, el silencio cómplice y los intereses corrompidos, encontramos el periodismo muerto.

En el epígrafe, cita a Ernesto Sábato, Antes del fin, 1998: “El escritor debe ser un testigo insobornable de su tiempo, con coraje para decir la verdad y levantarse contra todo oficialismo que, enceguecido por sus intereses, pierde de vista la sacralidad de la persona humana. Debe prepararse para asumir lo que la etimología de la palabra testigo le advierte: para el martirologio. Es arduo el camino que le espera; los poderosos lo calificarán de comunista por reclamar justicia para los desvalidos y hambrientos; los comunistas lo tildarán de reaccionario por exigir libertad y respeto por la persona. En esta tremenda dualidad vivirá desgarrado y lastimado, pero deberá sostenerse con uñas y dientes. De no ser así, la historia de los tiempos venideros tendrá toda la razón de acusarlo por haber traicionado lo más preciado de la condición humana”.

El número de periodistas asesinados en el periodo que examina Díaz Nosty es impresionante, al igual que las historias que relata: mil 56 profesionales de la información que murieron cumpliendo su trabajo; y señala que el asesinato es la expresión de censura más extrema, que generalmente se acompaña con el acoso, la estigmatización, la quiebra de la independencia profesional, y en algunos casos el abandono a la actividad periodística.

Los periodistas han muerto víctimas, también, de la represión política, del terrorismo de Estado y de la acción criminal del narcotráfico envuelto en un ambiente de impunidad.

Lo más grave de este relato es que México encabeza la lista de la pesadilla, junto con Honduras, Guatemala, Colombia y Brasil. Las cifras dan cuenta de un clima de impunidad, de la crisis en las instituciones, de la usurpación de la libertad y de una sociedad en la indefensión, de leyes mordaza, pero también de la precariedad laboral de los periodistas en algunos medios informativos ajenos a los intereses de la información.

En la obra se hace un recuento del periodismo. En 46 años de muertes y desapariciones forzadas, de una no libertad de prensa, de una guerra contra el narco, en una relatoría en la que México es el epicentro de la crisis y se señala en el aumento de la violencia; en la que México figura en los años analizados con 220 periodistas muertos y desaparecidos.

En Centroamérica, en las guerras civiles, en las represiones de las dictaduras, se expresó la expansión del Estado fallido, de leyes no escritas del silencio, de un futuro incierto para los trabajadores de la prensa, de las memorias de la guerra civil en El Salvador, del fin de la guerra y de la violencia creciente, del contexto histórico de la violencia en las repúblicas bolivarianas, donde Colombia es el centro de la tormenta en las agresiones a periodistas, en un contexto histórico de violencia y del simbolismo del asesinato del periodista Guillermo Cano, como en México fue el crimen de Manuel Buendía.

En el Cono Sur se estudian las memorias de las dictaduras y su choque permanente contra los periodistas que en su momento señalaron al terrorismo de Estado. n