Primera dama y promotora cultural

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 04, 2018

A México llegó la alternancia por la derecha, pero una derecha iletrada y “mocha”, por demás inculta e insensible, que nunca entendió lo que es la cultura, ni la importancia de una ciencia como la historia, que confundía el liberalismo económico con un consumismo bestial, y el crecimiento del PIB (con resultados, hasta en eso, más que mediocres) muy por encima de la preocupación por hacer llegar “el banquete de la civilización” a todos los mexicanos.

En las administraciones panistas se dejó de lado, sin duda, la preocupación por los valores humanistas de la sociedad. Así que el presidente Fox abordó el tema cultural con la óptica de repartir dinero a los creadores: “¿quieren su beca?, dénsela, y ya”, era la sentencia. Y un monumento emblemático a ese inexistente proyecto cultural es el elefante blanco que supone la megabiblioteca José Vasconcelos, y la historia de cómo se enteró Sari Bermúdez (titular del Conaculta en el sexenio foxista) de la existencia de Vasconcelos no tiene desperdicio. Sabina Berman da cuenta de ello: cuando la entonces futura encargada de dicho rubro la recibió en la sala de su casa para escuchar su opinión y consejo, ésta le citó varias frases del prócer cultural, el mismísimo José Vasconcelos, y aquella contestó entusiasmada: “mejor cenamos los cuatro, ¡tú, Vicente Fox (aún candidato), José Vasconcelos y yo!”. Y eso basta para ilustar aquellos años perdidos.

Con Felipe Calderón, un señor de apellido Vela quedó a cargo del Conaculta, y sólo baste recordar los tristísimos festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución.

Que Consuelo Sáizar (que en el Fondo de Cultura Económica había dado buenos resultados) llegó a la mitad de ese sexenio, es verdad, pero más como para tratar de remediar el daño ya infligido y con el reloj en cuenta regresiva.

El señor Rafael Tovar y de Teresa, que desde el sexenio salinista en 1992 había estado a la cabeza de la cultura en Mexico, haciendo funcionar coordinadamente y de manera eficiente todas las instituciones culturales, fue ratificado y continuó su brillante trabajo durante todo el sexenio siguiente, el del doctor Ernesto Zedillo. Incansable y refinado servidor público, dedicó su vida entera a la creación, coordinación y fortalecimiento de instituciones culturales, hasta cristalizar el sueño de una Secretaría de Cultura, que ya no dependiera de la “cabeza de sector” SEP, y así gestionar sus destinos de modo mucho más independiente y autónomo, el mismo al que Vicente Fox envió como embajador a Italia durante su administración, y que con el retorno del PRI a la Presidencia volvió a tomar, muy acertadamente, las riendas de la cultura en nuestro país y a ser su primer secretario, murió a mitad de sexenio de manera prematura.

Tovar, un funcionario destacado, que dejó un legado que debemos cuidar y por nada regresar a los tiempos de barbaridades como las de los “Jorge Luis Borgues” o los “invita a cenar a José Vasconcelos” de la época foxista.

Pero una secretaría no es suficiente para el tamaño de crisol cultural y su patrimonio y la riquísima historia que tiene nuestro México, así que la noticia de que la doctora y escritora Beatriz Gutiérrez Müller encabezará el consejo asesor de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México, que se suma al andamiaje institucional ya existente –del que, por cierto, será parte el escritor e historiador Paco Ignacio Taibo II al frente de la editorial más importante del Estado mexicano, el Fondo de Cultura Económica–, nos llega como una de las mejores noticias que se han dado en este proceso de entrega-recepción del Poder Ejecutivo federal.

Hay mucho trabajo por hacer, y seguro la doctora Gutiérrez Müller sabrá ser el vértice articulador de un esfuerzo nacional que involucre a todos los sectores, incluyendo a un organismo como la Unesco, que ya refrendó su compromiso en el proyecto de gran calado de marras que ya está en marcha.

Como lo dijo ella misma: “un país sin memoria es una nación enferma”. El novedoso rol para una esposa de un presidente no puede más que llamarnos a todos al entusiasmo. n