Guerrero, seguridad nacional

Escrito por  Isidro Bautista Soriano Nov 22, 2018

En varias ocasiones, por lo menos con más intensidad durante los últimos seis meses, el gobernador Héctor Astudillo Flores ha insistido en pedirle al gobierno federal que voltee su mirada hacia Guerrero. La explosiva situación que se vive en nuestro estado es de tal gravedad que no le falta razón al mandatario estatal cuando advierte que es un asunto de seguridad nacional.

Inmerso casi siempre, desde hace decenas de años, en situaciones de alta conflictividad social y política, por razones multifactoriales, Guerrero cíclicamente ve agravada su frágil gobernabilidad en cierta medida porque nuestros políticos, fieles y aventajados practicantes de la sobada táctica del “quítate tú, para ponerme yo”, en temporadas de caza sacan rifles y machetes para partirle su mandarina en gajos a quien ocupa la silla principal del Palacio de Gobierno en Chilpancingo.

Por eso un ex gobernador que no se cansaba de repetir que la política divide a los guerrerenses y el pozole los une, refería que los políticos en Guerrero nomás andan buscando, cada vez que se puede, armar su noche de cuchillos largos y al grito de “me canso ganso” convertirse en las manos que mecen la cuna de la estrategia para destruir al gobernador en turno. Eso explica que se cuenten con los dedos de la mano, y sobran dedos, los mandatarios estatales que logran terminar sus periodos constitucionales, porque si no los tumban, solitos se caen por sus propias pendejadas.

Pero volviendo al tema de que Guerrero debe ser visto por la Federación como un asunto de seguridad nacional, tenemos que hacer referencia a varios casos suscitados en fechas recientes, de alto impacto y resonancia más allá de las fronteras guerrerenses, que le dan sentido a la advertencia astudillista.

Los lamentables asesinatos de mujeres y de un conocido empresario del ramo editorial y papelero en Acapulco, el cobarde ataque a policías y personal dedicado a entregar ayuda humanitaria de la Cruz Roja Mexicana en Taxco, y lo que está sucediendo en la zona de la Sierra, donde el peligroso coctel de armamentismo desenfrenado, narcotráfico, “policías” comunitarias y ambiciones políticas han generado una situación que nos ha colocado, literalmente, encima de un barril de pólvora que con una pequeña chispa puede estallar y causar más víctimas de las que podamos imaginar, merecen ser vistos con atención.

¿Cuántas personas armadas deambulan por las veredas serranas con el estandarte dizque de “justicieros comunitarios”?, ¿Quién armó a ese ejército de pistoleros con tufo de narcos y financia sus actividades?, ¿Con qué dinero se mueven en la Sierra?, ¿Cuál es el objetivo de sus operativos en los que arrasan comunidades enteras, incendian casas y vehículos, y matan y hacen huir a decenas de habitantes de esos pueblos, a los que ahora les llaman “desplazados”?

Estas –y otras más preocupantes preguntas sobre la dramática situación que se vive en la Sierra– son sólo algunas de las inquietudes que brotan todos los días cuando llegan, con toda su crudeza, informaciones de lo que ocurre allá arriba, donde ni las águilas se atreven.

El horno, de verdad, no está para bollos. Tampoco son tiempos de jugar con fuego.

Ya hemos presenciado –y hemos sido víctimas– lo que sucede cuando se pierde la estabilidad y se descarrila la situación política y social. En todos, en el gobierno y fuera de él, en los partidos políticos y organizaciones sociales no gubernamentales, en los medios de comunicación y en las descontroladas redes sociales, debe prevalecer la mesura, la prudencia, el ánimo de trabajar dentro de la mayor armonía posible, y cuidar la estabilidad y la paz social. Es una responsabilidad y una tarea colectiva.

Y sí, Guerrero es un asunto de seguridad nacional. Eso deben entenderlo todos en el gobierno federal. Los que se van, aunque les quedan sólo unos días, no pueden hacerse los desentendidos. Los que llegan, deben prepararse para atender la situación.

Y aquí en Guerrero, los que estamos sentados en ese peligroso barril de pólvora, todos sin excepción, tienen que guardar los cerillos y evitar que se produzca una chispa.

Por el bien de Guerrero. Por el bien de todos. n