José Francisco Ruiz Massieu

Escrito por  Ginés Sánchez Oct 02, 2018

El miércoles 28 de septiembre de 1994 (hace 24 años) fue cobardemente asesinado en la ciudad de México José Francisco Ruiz Massieu, nacido en Acapulco en 1946, licenciado en Derecho por la UNAM, licenciado en Historia y con posgrados en las universidades de Essex, Inglaterra, y Austin, Texas.

Además de gobernar su natal estado de Guerrero (de 1987 a 1993), fue secretario general de Gobierno con el gobernador Cervantes Delgado, oficial mayor y subsecretario en la Secretaría de Salud federal, director del Infonavit, presidente de la fundación Cambio XXI del PRI (hoy Luis Donaldo Colosio) y secretario general del CEN del PRI, entre otras responsabilidades políticas y en la administración pública; catedrático universitario, investigador académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Hombre de sólida cultura, prolífico escritor con más de 15 libros publicados, se hizo acreedor al premio nacional de Administración Pública en 1979.

Tratar de evocar en tan pocas líneas su importante legado a Guerrero y a México no es algo sencillo, porque era incansable visionario y hombre de ideas, hombre de enorme capacidad administrativa y de gestión que las llevaba (como él mismo decía) al terreno arisco de los hechos.

Tras su gestión como gobernador de Guerrero pasó a la historia como un reformador; el Legislativo local aprobó durante su sexenio cambios a 36 artículos de la Constitución estatal y aprobó 85 leyes –algunas incluso pioneras a nivel nacional– y 591 decretos, a fin de modernizar y armonizar la actividad administrativa.

Sobresalen la creación de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos, el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, la Secretaría de la Mujer –en ese momento la única en el país–.

Su huella en materia cultural y educativa transformó la entidad y relanzó al estado en materia turística con acciones como los desarrollos Acapulco Diamante y Marina Ixtapa. Impulsó la construcción de la autopista del Sol, la de acceso a Taxco, la creación de eventos como el Festival Acapulco, las Jornadas Alarconianas en Taxco y la restauración de la catedral de Santa Prisca (sólo por mencionar algunas).

Así podríamos continuar enumerando logros en materia ecológica, cultural, política y de salud. En su periodo se creó también el Centro Estatal de Cancerología y se incrementó en más de 50 por ciento las camas hospitalarias disponibles. En materia social, baste citar la electrificación de cientos de poblados y colonias.

Demostró desde entonces su talante democrático al invitar como colaboradores a su gobierno a miembros de partidos de oposición y al hacer la televisión estatal la primera entrevista a Cuauhtémoc Cárdenas durante el proceso electoral de 1988.

Su visión era la de un México moderno; siendo diputado federal electo y próximo coordinador de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados, su agenda era romper con inercias del pasado, fortalecer el pluripartidismo, generar los espacios para el diálogo político para avanzar en nuestro atrasado proceso democrático.

Tenía como prioridad una reforma del Estado –que aún hoy es tarea pendiente–, la división de poderes, una profunda reforma judicial y el impulso a un nuevo federalismo con el fortalecimiento del municipio, para requilibrar la relación entre poderes del Estado, y reconstruir también el presidencialismo democrático.

Él sabía, mejor que nadie, de la urgencia por hacernos de una nueva cultura democrática, que no se limitara a lo meramente electoral y que diera cauce institucional y civilizado a nuestro pluralismo.

Él, el último prohombre que han dado las tierras del Sur, así lo expresaba: “Los rezagos nacionales reclaman un nuevo pacto que acelere el arribo de una sociedad en la que la justicia social sea el faro. La ruta es el entendimiento entre las distintas fuerzas políticas y la concordia social... la ley y la política son el remedio”. n