Gobierno hegemónico

Escrito por  Ginés Sánchez Sep 25, 2018

El término hegemonía viene de la etimología hegemon, que significa comandar, guiar o gobernar, que si bien en su origen posee cierta connotación militar, esto tiene una vertiente más que positiva. Por ejemplo, en el siglo 3 a C, Filipo de Macedonia y padre de Alejandro Magno venció a los atenienses y tebanos (año 338 a C) y desdeñó asumir el título de rey de Grecia, prefiriendo proclamarse precisamente como hegemon, o sea un gobernante que intentó cohesionar los territorios conquistados antes que sólo imponer por la fuerza sus propios criterios políticos, una decisión mucho más práctica por donde se le viera y que fue ejemplo en adelante para el joven Alejandro, entonces con sólo 18 años.

Así, pues, el término en cuestión aplica muy bien a Andrés Manuel López Obrador, pero no en su concepción torcida y negativa; se requieren acciones hegemónicas en varios temas de interés nacional, y sólo mencionaré aquí tres ejemplos:

–La pacificación del país: es imperativo cambiar de políticas públicas para lograr un proceso de repacificación gradual; el enfoque de las mismas debe reorientarse por vía de la política social y educativa, principalmente, atendiendo de manera primordial a los jóvenes; de entrada, despresurizar los penales y dejar en libertad a personas que purgan condenas absurdas por, por ejemplo, posesión de pequeñas dosis y consumo de mariguana. Ya en la actual administración esta medida se iba a tomar, pero inexplicablemente se dio marcha atrás. Son casi 3 mil personas que caerían en este supuesto, por sólo referirnos a lo que se debió haber hecho desde hace casi tres años y no se llevó a cabo. La frase “becarios sí, sicarios no” no sólo es atinada, sino que el no aplicarla resulta en una omisión criminal.

–El federalismo: México se ha convertido, más que en una federación, en una suerte de confederación de estados independientes, dado el inmenso caudal de recursos que administran las entidades federativas, donde el común denominador es la opacidad y la corrupción sin límites; muchos critican la supresión de los actuales delegados federales por los nuevos y mal llamados “superdelegados”, pero a nadie veo defendiendo el actual esquema, de señores feudales con toda la discrecionalidad a la hora de manejar recursos que ellos, en su mayoría, no recaudan. Buena fórmula de federalismo, atrofiado y pervertido. Es urgente corregir el rumbo, extirpar los incentivos perversos y las complicidades y enredos burocráticos entre los todavía delegados de cada dependencia federal y los gobernadores, y aun los mismos alcaldes, a la hora de aplicar e instrumentar los recursos y programas transferidos desde la Federación. La vuelta a un centralismo en ese sentido cobra fuerza no sólo en México, sino que es tendencia internacional.

–Convertir los dos Méxicos (el rico y el pobre) en un solo país: contrario a cualquier tipo de hegemonía, está la vergonzosa realidad de la convivencia de dos países en uno, el del centro-norte, desarrollado y con la inversión pública y privada orientada hacia él, y el otro, el del sur-sureste, subdesarrollado hasta niveles de desarrollo humano ignominiosos; los anuncios de obras de infraestructura de gran calado, como el corredor transístmico y el Tren Maya, por sólo mencionar dos, más la pretendida descentralización de la administración pública federal a varios de estos estados, son medidas hacia una hegemonía, más que deseable, urgente.

Siendo asi, bienvenido sea el gobierno hegemónico de Andrés Manuel López Obrador. n