A tiempo

Escrito por  Isidro Bautista Soriano Ago 23, 2018

En estos tiempos de mayor competitividad deben andar en campaña los que quieran ser candidatos postulados para ocupar cargos de elección popular, pese a que pudiera decirse que falta mucho para regresar a las urnas.

Dentro de tres años ya no habrá el efecto Andrés Manuel López Obrador, que en julio pasado llevó al triunfo a candidatos que ni siquiera hicieron campaña, o que incluso no se imaginaron llegar a los puestos que estuvieron en juego.

Desde luego que contará, en cierto grado, la actuación del hoy presidente electo del país para emitir el voto, principalmente en los conceptos de corrupción e inseguridad.

Enrique Pena Nieto, desde antes de su postulación como candidato para presidente del país, inspiraba confianza en lo concerniente al combate de la violencia, pero transcurrido el primer año de su ejercicio constitucional resultó una decepción, que tuvo su peor reflejo en las elecciones del mes anterior, en que su partido, el PRI, quedó casi sepultado.

Alguien de los que formarán parte del gabinete de López Obrador admitió que en materia de seguridad, éste dará resultados hasta después de al menos dos años de aplicada su gestión, lo cual, seguramente, ocasionará desencanto popular.

La gente está harta de la violencia en el país, y más en Guerrero. Ya no cabe la excusa de que no se podrá hacer en seis años lo que los gobernantes anteriores no hicieron en lustros.

Independientemente de eso, los aspirantes de los cargos de elección popular deben movilizarse ya, de todos los partidos políticos.

A Antonio Gaspar Beltrán le valió estar en el aparador de manera ininterrumpida muchos años, subiendo y bajando barrios y colonias, casa por casa y calle por calle. Por unos cinco mil votos se salvó de no ser vapuleado por el fenómeno de López Obrador, que estuvo a punto de arrebatarle el puesto de presidente municipal de Chilpancingo por una total desconocida de Morena.

Se probó que la talacha política diaria cuenta y vale. La candidata del PRI al mismo cargo seguramente nunca se imaginó el hecho de la derrota, y más en un Chilpancingo invariablemente priísta.

Hay tres años para andar en proselitismo, como lo hace, por ejemplo, Félix Salgado Macedonio, desde el momento en que ganó la elección de senador, en el caso de la gubernatura.

Los del PRI, el partido casi enterrado como el PRD, tienen que moverse con baños de pueblo, pero a conciencia, ya sin dar preferencia a amiguismos o compadrazgos, sino a auténticos liderazgos con posibilidades reales de ganar.

Fue una decepción poner al frente del Comité Ejecutivo Nacional de ese partido a Claudia Ruiz Massieu con una obra de teatro orquestada por el salinismo como si no hubieran entendido el mensaje del 1 de julio.

Los candidatos de ahora tienen que ser los mejores hombres y mejores mujeres de todos los partidos, principalmente honestos, que inspiren toda la confianza posible del electorado, como lo fue López Obrador; que lo sean y que incluso lo aparenten.

Los que perdieron en julio anterior pueden volver a serlo, si en esas condiciones se encuentran, porque finalmente no fueron derrotados propiamente por su aspecto personal, sino por el efecto AMLO.

En Morena hay más prospectos para la gubernatura, aparte de Salgado Macedonio, que es el más popular, como Pablo Almícar Sandoval y hasta Nestora Salgado, y en el PRI el más fuerte es el senador electo Manuel Añorve Baños, seguido por Mario Moreno Arcos, secretario de Desarrollo Social del gobierno del estado, en tanto que en el PRD sólo que lo fuera Evodio Velázquez Aguirre, presidente municipal de Acapulco.

Lo cierto es que ya deben andar en activismo político no sólo para ese cargo, sino para los demás que estarán en juego en las elecciones próximas. Gaspar Beltrán es el ejemplo más claro de que el trabajo político ininterrumpido cuenta para ganar. La sociedad votó en julio pasado por Morena en todas las boletas, y en el caso de Chilpancingo buscó al joven ex priísta y ahora perredista para elegirlo, justamente por el trabajo constante que había hecho desde el principio de su carrera política.

La gente razonó pues el voto en Chilpancingo.

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