Ejemplos de vocación y trabajo

Escrito por  Ginés Sánchez Ago 14, 2018

Uno de estos ejemplos, de amor a su vocación, trabajo y a la patria es el de un sargento norteamericano que participó en la Segunda Guerra Mundial, Kurt Hermann, quien tuvo el honor de ser el único militar en participar en los bombardeos a las tres ciudades capitales de los países del eje: Berlín, Roma y Tokio, como piloto de la Fuerza Aérea en un ametrallador de cola, habiendo sido antes marino mercante, donde, ya en la guerra, sufrió el hundimiento de su barco y sobrevivió casi un mes en una balsa salvavidas hasta su rescate; se alistó en la Fuerza Aérea en 1942; ya como piloto, sobrevolando Cerdeña su avión fue derribado y salvó su vida saltando en paracaídas; tras completar 30 misiones podía regresar tranquilamente a casa, sin embargo el continuó en el conflicto, llegando a completar 75 misiones, en ese momento y lejos aún de retirarse, como era más que su pleno derecho, solicitó a sus superiores de las fuerzas estratégicas de Estados Unidos su traslado al frente del Pacífico, con la meta de concluir ahí las cien misiones exitosamente cumplimentadas, lo cual logró al serle concedida su petición. Aún después de todas esta hazañas el apostó por continuar defendiendo a su país en la guerra, hasta que, en su misión número 108, el avión del héroe de marras desapareció para siempre en las inmensas aguas del Pacífico oriental.

Hermann ya no logró ver el triunfo definitivo de Estados Unidos y los países aliados, pero su perseverancia, ideales y amor a su país lo hicieron un icono de heroísmo, que sin duda contribuyó a la causa triunfadora, tributando para ello incluso su propia vida, al tiempo que otros héroes y veteranos de guerra que habían sobrevivido también a decenas de misiones, decidieron no hacer lo mismo que la tenacidad y el sentido de responsabilidad y patriotismo del sargento Kurt Hermann.

Otro ejemplo, muy, pero muy distinto al del militar estadounidense, fue protagonizado por un mexicano de a pie, y es de esas historias anónimas, olvidadas y perdidas en las hemerotecas; pero aunque la naturaleza de ambos sea tan disímbola, el amor a su trabajo, a su país y su sentido de la responsabilidad pueden tener rasgos como los de Andres Manuel Lopez Obrador en las últimas tres décadas, quien vió en todos los obstáculos y peligros siempre una oportunidad para seguir adelante y cumplir con su misión en este plano terrenal, y esa pequeña gran historia es la siguiente:

En el Mundial de futbol de Chile en 1962 fue el primero donde México y su selección nacional compitieron de verdad, de tú a tú, por ejemplo, contra el mismísimo Brasil de Pelé, entonces campeón del mundo de la justa anterior, en Suecia 1958, y que a la postre se volvería a alzar con el título en ese año de 1962; se perdió de forma injusta y dramática en los últimos segundos con España, uno a cero, y se ganó el primer partido en un Mundial, esto fue a Checoslovaquia, a la postre subcampeón del mundo, poco después, en ese mismo torneo, por marcador de tres goles a uno, todo lo anterior en la sede de la ciudad de Viña del Mar.

Afición y prensa nacional e internacional por primera vez llenaba de elogios a un combinado nacional en un evento de esa envergadura, a pesar de no haber podido calificar a la siguiente ronda.

Pero hay un héroe que hoy nos resulta a todos desconocido, su nombre perdido en algunas revistas y periódicos de la época y en la mente de los integrantes de aquel memorable grupo, el es Francisco Chico Larios, el cual trabajaba como utilero, pero no el utilero oficial, sino una especie de ayudante sin sueldo, que desempeñaba esos menesteres en su tiempo libre y por puro amor al deporte y a la camiseta nacional mexicana, y que años después si fungió como el titular y reconocido por la Federación Mexicana de Futbol en ese mismo oficio. Así pues, un grupo de los jugadores ya seleccionados en la lista final, empezaron unas dos semanas antes a meterle en la cabeza, a manera de una broma un tanto de humor negro, que los federativos lo llevarían al mundial de Chile como utilero, Larios no podía creerlo, pero todo el grupo mantuvo sin desmentir dicha especie. Entonces, empezó con prisa e ilusión a realizar todos los trámites correspondientes, pasaporte, visa y demás; Larios estaba listo, pero todos sabían, hasta el final que no iba, excepto él; al enterarse, enorme fue su desilusión, proporcional al cargo de conciencia de los bromistas responsables de tan triste escena, ya que Larios era un buen hombre, humilde en su trato y de buen corazón, y estimado por todos; los jugadores mismos trataron de remediar semejante tristeza haciendo una cooperacha, quedándose cortos en la cantidad recabada,y Larios se quedaba en México.

Ya durante el viaje, Chico Larios fue el tema principal de conversación, que si Larios iba ya en Tlalpan, que si ya por Cuernavaca, que por Taxco, que si cruzando Centroamérica. Mas tres días después de estar ya la selección en su hotel de concentración, llegó una noticia hasta el comedor: Larios se encontraba nada menos que en Viña del Mar, afuera del mismo hotel y no le era posible entrar, todos rieron de buena gana ante lo que suponían una continuación del chiste de moda, pero cual ha sido la sorpresa que al terminar de comer y salir, el grupo se encontró ni más ni menos que con el gran e invencible Chico Larios en la puerta ya del restaurant, haciendo señas y esperando fielmente a su amada selección. Así que lo que empezó como una broma de mal gusto terminó de forma feliz para todos. Con muchos esfuerzos y entre sus familiares y amigos, había logrado reunir la cantidad necesaria para el enganche del viaje, y que después iría pagando a mensualidades. Su tesón y amor al futbol lo habían llevado ni mas ni menos que a la Copa del Mundo, ahí estaba él ya. Con una alegría indescriptible, los jugadores lograron conseguirle un modesto alojamiento, y la selección mexicana estuvo más que lista para entrar en acción.

Ojalá hubiera, en nuestro país, más ciudadanos dispuestos a cumplir con la parte que les toca, para así, empujar a México no sólo a salir de la decadencia imperante, sino a ser una nación ejemplar en lo que resta del ya bien entrado siglo 21.