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Recuerdos del sismo de 1985

Escrito por  Esthela Damián Peralta Sep 13, 2017

El sismo de 8.2 grados en la escala de Richter que el pasado jueves 7 de septiembre a las 23:49 horas sacudió el centro y el sur de México, nos hizo recordar a miles de personas el terremoto del 19 de septiembre de 1985, que además de quitarle la vida a sus seres queridos hizo que se cayeran viviendas, escuelas, centros de trabajo y hospitales.

Ciertamente, después de 1985 México se encuentra mejor preparado en materia de protección civil en caso de temblores.

Expertos del Servicio Sismológico Nacional aseguran que, en particular, la Ciudad de México es una zona altamente sísmica, y cada año se generan miles de temblores. Sin embargo, la mayoría de ellos no alcanzan magnitudes considerables, ni de peligro para la población.

Existen antecedentes de sismos de magnitud considerable, como el de 1957 que tuvo una intensidad de 7.7,  cuando se cayó el Ángel de la Independencia;  el ocurrido en 1979 que tuvo una magnitud de 7.6, y el del 19 de septiembre de 1985, que alcanzó los 8.1 grados y que propició la muerte de cientos de personas.

Los sismos grandes ocurren muy raramente. La Ciudad de México ha sufrido sismos en toda su historia, pero uno tan destructivo como el de 1985 ocurre solamente dos o tres veces en cada siglo.

Desde el sismo de 1957, la Ciudad de México ordenó crear una Norma Sísmica del Distrito Federal para clasificar las zonas más propensas a sufrir daños por los movimientos telúricos y con base en eso definir un esquema para la construcción de edificios en esos lugares.

La Norma Sísmica dividió la Ciudad de México en tres zonas: Zona I o de lomas; Zona II, que es una franja intermedia con un terreno un poco más firme (por ejemplo, los Viveros de Coyoacán) y la Zona III, la del lago.

En la capital del país, la Zona III es la de mayor riesgo por la vulnerabilidad provocada por las características del subsuelo sumamente blando y la cantidad de habitantes. Esta zona abarca desde la Villa de Guadalupe hasta Xochimilco, y desde la Condesa hasta Texcoco, en lo que fue el antiguo lago.

Cada zona tiene su propio reglamento, por lo que para construir en la Zona III se necesita un tipo de obras mucho más firmes y más fuerte que para la Zona I.

Al registrarse un sismo destructivo como el de 1985 se actualizan las normas de seguridad de los gobiernos y se aprende de lo que se puede mejorar para evitar fatalidades.

Después del sismo del 85 se modificaron los reglamentos y normas de construcción de la capital del país y se construyó el Sistema de Alerta Sísmica que opera actualmente en la CDMX.

Asimismo, se instaló aparatos de medición en la Ciudad de México para monitorizar la sismicidad, y la investigación sismológica ha permitido caracterizar aspectos vitales de la respuesta sísmica.

Los sismos no cambian su tamaño, los lugares donde ocurren o su tasa de recurrencia. Quienes sí cambian todo el tiempo somos nosotros porque decidimos asentarnos en cualquier lugar del país.

A menos que aprendamos cómo apagar el calor del interior de la Tierra, que ha venido ocurriendo por miles de años, el peligro no lo podemos evitar: la única manera de disminuir el riesgo es disminuir la vulnerabilidad, la cual sí depende de nosotros y nuestros planes de prevención.

Si las estructuras son seguras, si la gente sabe qué hacer y si existen planes familiares, los mexicanos podrán tener una mejor respuesta ante un sismo, sin importar su magnitud. Lo que es cierto es que no hay lugar donde podamos garantizar que no tiembla.

Los especialistas sostienen que sí ha mejorado la monitorización sísmica, tanto el instrumental como las áreas computacionales; que hay un avance tecnológico en todo el instrumental que se utiliza en este tipo de estudios.

Afirman que como sociedad, los mexicanos están más conscientes de la probable ocurrencia de un sismo, y las autoridades han tomado medidas más serias en cuanto a la protección civil.

El director del Instituto de Ingeniería de la UNAM, Luis Álvarez Icaza, ha asegurado que una parte importante del trabajo de los servicios sismológicos es la de dar información oportuna y adecuada a la población sobre los riesgos de un sismo.

Sin embargo, el experto consideró que una de las tareas pendientes en México es la adecuación de códigos de construcción para edificar instalaciones más seguras y resistentes a sismos. n