Drogas: el necesario cambio de enfoque

Escrito por  Ginés Sánchez Mar 27, 2018

Se habla que si se deben desmantelar las estructuras económicas y financieras del narcotráfico en México, que si la extinción de dominio, de erradicar las redes de protección gubernamental, y no sé cuántos conceptos idealizados que salen al debate público cada vez que hay alguna noticia relevante con relación al tráfico de drogas, sobre todo cuando ocurre la captura de algún importante capo.

La realidad es que dichas capturas en nada cambian el multicitado fenómeno, y se sabe que mientras exista (que muy difícilmente menguará) la bestial demanda de los gringos por estupefacientes, México seguirá siendo país productor y de tránsito para satisfacerla, y además no nos podríamos dar el lujo, en el prácticamente imposible supuesto de que se pudiera hacer, de detener el multimillonario negocio, porque sobrevendría un colapso en la economía nacional al suponer el fin de la entrada de esas divisas, que se calcula ya aun mayor a las que ingresan al país por concepto de remesas de nuestros connacionales radicados en Norteamérica.

Es más, la famosa guerra hipócrita e inútil de Calderón, al falso grito de “para que la droga no llegue a tus hijos”, fue sólo para intentar legitimarse ante unas elecciones (las de 2006) fraudulentas por donde se les vea, porque en México el consumo de drogas está lejísimos de convertirse en un problema de salud publica; si no, sólo ver el detalle de que cuando hay decomisos, estos siempre son en dólares estadunidenses. Si fuera lo contrario, serían en pesos mexicanos, cosa que rarísima vez se ve.

No podemos caer en romanticismos e ingenuidades, de pensar en el fin de los cárteles mexicanos; la naturaleza de esa industria es que los capos tengan una fecha de caducidad, y que se reciclen, pues son el eslabón más débil de toda la cadena comercial.

Sabido es que que la ley de la oferta y la demanda es prácticamente inviolable, y en ese negocio obviamente también rige. Y en cuanto a la Ley Antilavado, sólo ha servido para dos cosas: instrumento de venganzas políticas, e inhibición en el ámbito de los negocios de todo tipo, porque ahora resulta que el tener dinero parece haberse, no pocas veces, convertido en un delito para los que lo ganan de manera honesta, lo cual afecta a la actividad económica y al dinero circulante, y más aun en época de vacas flacas, como la que vivimos actualmente.

México no es una economía que tenga un papel preponderante en el concierto económico internacional, donde nuestras exportaciones son, en alta medida aún, importaciones con el valor agregado de una mano de obra barata, donde el precio del petróleo crudo es harto volátil, y las remesas de los trabajadores migrantes cobran una importancia toral; donde si acaso el turismo es nuestra actividad exportadora más noble, pero enfrentará cada día más competencia de nuevos destinos en otros países, donde la inversión en ciencia y tecnología es un apartado prácticamente inexistente aún, en relación con el PIB.

La guerra contra el narcotráfico comenzó más como un esfuerzo fallido de mejoramiento de imagen, tanto hacia el exterior como al interior, de un gobierno débil por deslegitimado, y lo mismo acusa una señal de sumisión al vecino del norte.

Es la realidad nuestra: uno de los mas importantes roles de México en el concierto internacional es el de surtir de drogas ilegales a Estados Unidos, donde vemos el kafkiano espectáculo de ellos legalizando su uso medicinal y recreativo, mientras nuestra paz social se ve cada vez más lejana.

Debemos ir pensando y actuando en darle un enfoque 180 grados distinto al que se le ha dado a este fenómeno en los últimos años. n