Tírenle al negro

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Mar 25, 2018

Todavía no empiezan las campañas, pero la guerra sucia contra candidatos a la Presidencia sí. Más bien contra uno.

Esta semana fuimos testigos del interrogatorio inquisitorial que llevaron a cabo seis periodistas de Milenio Televisión contra Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de la República por la coalición Juntos Haremos Historia, formada por los partidos Morena y PES, porque los últimos acontecimientos nos señalan que el Partido del Trabajo la abandona, al menos en Guerrero.

Durante la entrevista hecha a AMLO, los periodistas, encabezados por Carlos Marín, director general editorial de Grupo Editorial Milenio, con saña, intentaron hacer enojar al invitado, sacarlo de sus casillas para hacerlo caer en las trampas que le tenían preparadas, pero les falló.

El tabasqueño supo aguantar el vendaval sin alterarse, incluso, en ratos, se le vio sonriente, respondiendo tranquilo la metralla de preguntas que le hicieron.

Durante la entrevista, se resaltó la cara de enojo, furia y desesperación de Carlos Marín, al ver que el invitado salía ileso del acoso informativo al que fue sometido. Esto dio pie a que, durante la semana, la cara desfigurada de Marín fuera usada para la serie de memes que circuló por las redes. Algunos hasta lo calificaban de que estaba estreñido.

Pero también Carlos Marín fue objeto, en la calle, de ataque de personas de la sociedad civil que le reclamaban su comportamiento, nada ético, durante la entrevista a AMLO, y, entonces, sí se salió de control su carácter, al reclamarles a su vez los reclamos.

Hagamos historia. En las dos anteriores elecciones presidenciales, en 2006 y 2012, pocos periodistas se atrevían a entrevistar a López Obrador, porque lo veían como apestado, si tenían contacto con él eran puestos en lista negra, casi era prohibido publicar información del tabasqueño, a menos que fuera para difamarlo y calumniarlo.

Yo recuerdo que, en el 2000, cuando fueron las elecciones presidenciales donde por el PRI contendía Francisco Labastida Ochoa; por el PAN, Vicente Fox, y por el PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, todo indicaba que el favorito de las intenciones del voto era Fox, los directivos del periódico donde trabajaba nos dieron la indicación, sugerencia u orden, de que publicáramos sólo notas de Labastida, pero si queríamos sacar información de Fox que fuera en contra. En estos tiempos esta tendencia prevalece, sólo cambian los nombres.

Pues bien, a López Obrador lo han tachado de loco, de ignorante, de mesiánico, de incongruente, y de mil cosas más, incluso de que no tiene título profesional de nada. Sí tiene título de licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM, pero lo han criticado porque se tardó 15 años en titularse.

Pero si observamos bien, cuántos presidentes de la República han pasado por el cargo con títulos de universidades de prestigio internacional, algunas mexicanas, la mayoría de Estados Unidos o de Reino Unido.

Sin embargo, estos títulos rimbombantes no han sido garantía para que estos personajes se conduzcan con honestidad y responsabilidad cuando obtienen el cargo, no sólo el de presidente de la República, sino también de titulares de las diferentes Secretarías o Direcciones de las distintas dependencias oficiales.

Cuántos de estos funcionarios han sido cuestionados sobre actos de corrupción durante el tiempo que estuvieron a cargo de alguna oficina de gobierno, algunos, muy pocos, llegaron a pisar la cárcel, pero los peces gordos son intocables y siguen robando sin pudor.

Ahora bien, todos estos actos de corrupción y de impunidad han llegado al límite de la paciencia del mexicano, lo que ha llevado a buscar otra opción política para que nos gobierne en los próximos seis años, pues ya se ha demostrado que ni el PRI ni el PAN hacen las cosas bien; lo único que buscan es estar en un lugar donde haya dónde robar, además de administrar mal y en contra del pueblo.

El actual gobierno federal en vez de hacer las cosas bien y en beneficio del pueblo, hace todo al revés: obras malas y carísimas; leyes malas y en perjuicio de la ciudadanía; regaña al pueblo por las críticas que le hace y le sale el tiro por la culata. Todo mal.

Volviendo al tema de López Obrador, es tanta la diferencia de la preferencia electoral que tiene el tabasqueño, que ahora todos le tiran lodo, incluyendo el presidente Peña Nieto, buscando desprestigiarlo para que pierda simpatía entre el electorado y tratar de que su delfín, José Antonio Meade, suba en las preferencias, porque, a una semana de que inicien las campañas formales el candidato priísta no levanta en las encuestas, ubicándose actualmente en el segundo lugar empatado con el aspirante panista Ricardo Anaya.

No es con guerra sucia que se ganan las preferencias electorales, es con trabajo y propuestas propositivas de los candidatos, de cualquier partido y tendencia.

Analicemos bien nuestro voto antes de emitirlo. Ya basta de fallas. n