Veta maderista

Escrito por  Ginés Sánchez Abr 13, 2021

El Poder Ejecutivo envía una propuesta de reforma al sector eléctrico al Congreso; éste la analiza y la vota a favor, siguiendo el proceso legislativo previsto en la Constitución; se publica en el Diario Oficial de la Federación, sorprendentemente (ya que ningún precepto constitucional se viola en dicha iniciativa); un juez otorga a un puñado de consorcios privados una suspensión (pausa) de los actos de autoridad que suponen la entrada en vigor de dicha ley; el Presidente, haciendo uso del inalienable derecho a la libertad de expresión del que gozamos todos los mexicanos, con énfasis especial en el presente sexenio, externa su extrañamiento hacia el juez responsable; acto seguido, el Ejecutivo, vía la Secretaría de Energía, impugna dichos amparos.

Todo lo anterior se hace siguiendo al pie de la letra lo estipulado en nuestra carta magna. Ni una coma por fuera de la ley, pues. Después, el Presidente desliza la posibilidad de dejar al margen al sector energético nacional paraestatal (Pemex y CFE), vía reforma constitucional, de amparos de ese tipo, que entorpezcan su rescate y beneficien a intereses privados y opacos, tanto nacionales como extranjeros.

Cambios a la Constitución se han hecho en este sexenio, sí, pero la mayoría con iniciativas de origen en el mismo Poder Legislativo; los menos, provenientes del Presidente, que por cierto, se queda muy corto en ese renglón si lo comparamos con la andanada de parches a la ley suprema en la administración Peña Nieto, sobre todo. Pero extrañamente, ahí en ese caso, no se escucharon las voces, ni se vieron los dedos flamígeros señalando a un “dictador”, como se pretende ahora, a pesar de que es más que sabido y documentado que las reformas en el marco del Pacto Por México se consensuaron a punta de billetazos, en el seno mismo de un Congreso envilecido.

En lo que va del sexenio lopezobradorista se ha echado a andar en el país el sistema de pesos y contrapesos que supone la democracia en la que vivimos, dejando atrás los tiempos de lo consignado en la Constitución como letra muerta; hoy, la veta maderista del presidente se nota, a diario, tolerando incluso los abusos cometidos por algunos, de estas libertades nuevas, y en los hechos, poniendo a trabajar al límite a los tres poderes de la unión, su facultades y resortes; delimitando los límites en los alcances de cada uno, insisto, sin moverse un ápice del marco constitucional que nos rige.

México ha tenido una transición tremenda y dolorosamente tortuosa, con altísimos e innecesarios costos, que seguramente no vio el presidente Zedillo cuando tuvo la voluntad política de coadyuvar decisivamente a que el país diera ese salto. Pero hoy, habiendo ya pagado el precio, la normalidad democrática experimenta avances que la hacen ver vigorosa, y estemos seguros: pronto la democracia mexicana estará considerada como una democracia plena, a pesar de los pesares, del tiempo perdido y de los terribles y largos dolores de un parto innecesariamente alargado.

En ese mismo orden de ideas, no es casualidad que una mujer, jurisconsulta de primerísimo orden, ex ministra de la última instancia jurídica de la nación, la Suprema Corte de Justicia, tenga la cartera del ministerio del interior (Secretaría de Gobernación), que es la doctora Olga Sánchez Cordero; quien piense que es “un florero” en el gabinete no puede estar más equivocado; ella es la que guía al Presidente y al Poder Ejecutivo Federal para que el gobierno de la Cuarta Transformación no se salga en ningún momento del marco constitucional, a la vez de poder avanzar lo más posible en el actual proyecto de nación. E insisto: a quienes hablan de “atropellos a la Constitución” sólo les pediría checar el caso del gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca, el cual está siendo investigado por sus múltiples presuntos delitos, estrictamente con el proceso que las leyes marcan, así sea más tardado. En otros tiempos se recurría al viejo expediente de la desaparición de poderes o de forzar la solicitud de licencia (renuncia, en los hechos) de gobernadores sátrapas.

Federalismo y separación de poderes, nunca respetados como en el presente sexenio; que el Presidente haga uso de sus libertades no es “mancillar ni pasar por encima de nuestras instituciones”; es sencillamente, una señal más de nuestra nueva democracia sin simulaciones, de un entramado institucional en el que cada engrane cumple sus funciones consagradas en la Constitución. n