¿Enemigo necesario?

Escrito por  Ginés Sánchez Abr 07, 2021

Algunos teóricos del concepto “enemigo necesario” sostienen que el conflicto es una fuerza estabilizadora y, en cierta medida, estructuradora de las sociedades modernas. Lo anterior principalmente es en beneficio, más que nada, de élites de todo tipo: políticas, sociales o económicas; el enemigo necesario, para ejercer cierto control en una sociedad y en un tiempo determinados.

Algunos gobiernos han llegado a extremos, como el de Estados Unidos y sus cada vez más opacos atentados en Nueva York en 2001, o en general, el narcotráfico, el terrorismo, los rusos, los mexicanos, la caída de algún meteorito, una epidemia o hasta una posible invasión extraterrestre.

El actual gobierno federal se ha volcado contra la autoridad electoral, el INE, y sobre todo, un par de sus dirigentes. Lo anterior no sería imposible que venga de la mente del asesor presidencial en propaganda, Epigmenio Ibarra. ¿Con qué fin? Simplemente con el de crear un ambiente de cierta desconfianza del pueblo hacia sus órganos electorales, para así poder hacer el llamado a salir a votar en masa en favor del oficialismo en las ya tan próximas elecciones de principios de junio.

¿Quién asegura que el partido decidió no cumplir con el requisito de los informes de gastos en precampaña de más de 80 aspirantes de Morena a cargos de elección popular? Nadie. Lo anterior, con el fin de crear al ya citado enemigo necesario; que si el INE y los dos famosos consejeros están de acuerdo, no es necesario, pero tampoco imposible. El país y este gobierno requieren de una mayoría más que clara en la próxima legislatura para continuar su programa de gobierno, porque bien sabemos que en México un congreso dividido, tristemente, es la receta perfecta para el estancamiento y la parálisis política; la excepción fue la instrumentación en el sexenio pasado, vía multimillonarios sobornos a parlamentarios de oposición, en el marco del famoso documento denominado Pacto por México.

La estrategia del gobierno resultaría magistral: si se ataca al INE es dentro de los límites estrictamente constitucionales, retóricamente y en el marco de la libertad de expresión de la que gozamos todos los mexicanos; además, bien podría ser todo el problema con el INE un riesgo calculado, tanto la intentona de cambio, a última hora, en las reglas de las fórmulas para el reparto de diputaciones de representación proporcional (las conocidas como plurinominales), como la decisión de bajar de sus candidaturas a los aspirantes morenistas a gobernador de Guerrero y de Michoacán, y otros casi 80 candidatos más, de varios niveles, todos del partido de las siglas color guinda.

En ese caso podría tratarse del ya referido riesgo calculado porque ya se tiene muy bien medido (que no coptado), por el gobierno, al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, simplemente porque bien se conoce el sentido de sus resoluciones y antecedentes, algunas en idéntico sentido a estos supuestos, y que han resultado, pues, a favor en esos casos, a circunstancias y coyunturas que son la base de las actuales quejas por el gobierno federal a las resoluciones del INE.

Nadie se debe escandalizar. Aquí bien se puede afirmar que el fin justifica los medios, y repito, sin salirse de lo que circunscriben las leyes mexicanas, esto sólo es parte del difícil arte que supone el gobernar. n