El delito de traición a la patria

Escrito por  Eduardo López Betancourt Abr 06, 2021

Para estudiar la historia universal del delito de traición a la patria nos remontaremos hasta el año 480 aC, al desfiladero de las Termópilas, Tesalia, Grecia. Este lugar fue defendido por Leónidas con 300 espartanos, y Jerjes, a pesar de sus miles de hombres, no podía pasar; empero, la traición de Efialtes, pastor del monte Eta, condujo al rey persa por un sendero en el monte Anopeo, que le permitió atacar a los griegos por la espalda y tener el camino libre hacia Atenas.

La traición de Judas ejemplifica las de la humanidad: San Mateo en su evangelio (capítulo 26) relata cómo Cristo fue entregado al Sanedrín por 30 monedas de plata, en el huerto de Getsemaní: “El traidor les había dado esta seña: aquél a quien yo besare, ése es, aseguradle. Arrimándose luego a Jesús dijo ‘Dios te guarde, maestro’, y le besó”.

En Grecia, este delito, denominado “prodosia”, hacía que al culpable se le declarara fuera de la ley y que fuera castigado con la pena capital. Asimismo, se le consideró como aquellos actos dirigidos contra el Estado, que ponían en peligro su existencia o los intereses a él confiados.

En Roma, desde sus comienzos hasta la ley de las Doce Tablas, podemos hallar su antecedente, comprendido en el delito de “perduellio”, puesto que este agrupaba todo atentado en su sentido más amplio contra la seguridad del Estado.

La judicium perduellionis castigó los actos que ponían en peligro la seguridad de la patria o de su Constitución. Con la proditio se castigó al que atentaba contra la seguridad del Estado, y era culpable el ciudadano romano que auspiciaba al extranjero contra la patria.

En las postrimerías de la República podemos ubicar el delito a estudio en el crimen majestatis, introducido por la lex Apuleia en el año 652 y extendido por Sila en virtud de la lex Cornelia de armas contra Majestare, como todo acto hostil contra el Estado, y su pena era la expulsión del territorio romano.

La lex Julia comprendió los delitos contra la seguridad exterior del Estado, clasificando los que comprometían la integridad territorial, la entrega de hombres al enemigo, la deserción, la traición por vileza y la excitación de un pueblo a la guerra, entre otros.

La lex Varia (año 662) y la de Sila extendieron el número de delitos de lesa majestad, entre otros la sedición, la rebelión y entregar un ejército a los enemigos.

En la lex Julia Majestatis se establecieron como delitos: tomar las armas contra la República, incitar a la rebelión a los soldados y conspirar contra el Estado, entre otros.

En el Imperio se castiga el crimen majestatis con la pena capital, puesto que, además de considerar a todo acto hostil contra el Estado, también comprende los atentados contra la vida del príncipe y todo acto de aversión y desprecio a su persona. La aplicación de la pena de muerte fue de dos maneras: a los nobles, mediante decapitación; y a los de clase humilde, por medio de la combustión o arrojándolos a las fieras.

El despotismo del César llegó al absurdo de castigar como delito de lesa majestad no sólo las injurias al emperador y a sus funcionarios, sino el simple hecho de colocar una estatua a mayor altura que la de los Césares, como sucedió en tiempos de Augusto; quitarse la ropa delante de las estatuas de éstos o el llevar anillos con la efigie del príncipe en letrinas o lupanares. El procedimiento careció de las más elementales garantías para el inculpado, y en la Constitución de Arcadia, conocida como la Ley 5 del Código de la lex Julia, llegó a equipararse la inducción a la consumada, prolongándose la responsabilidad del autor a sus hijos y a los descendientes de éstos.

En cuanto al Derecho Germánico, podemos decir que cualquier delito contra el Estado se traducía en infidelidad al rey o al jefe del grupo, y se castigaba con la pena capital, de lo cual se desprende que la traición a la patria, comprendida entre los delitos contra el Estado, era sancionada con la pena de muerte.

Al prevalecer la civilización romana sobre la germana, el concepto de traición se confunde con el de lesa majestad; y en tanto que a la agresión contra la vida externa del Estado se le deja el nombre de traición (Landesverrat), la agresión contra el jefe del Estado y sus leyes fundamentales se denomina crimen de lesa majestad.

Un rasgo común en las leyes germánicas es la fe violada (Treubruck Verrath).

Con el nombre de landverrath se distinguió el delito de traición, connotación referida a la agresión a la vida externa del Estado, del krimenlese, agresión o atentado contra el jefe del Estado o sus leyes fundamentales.

El Derecho Canónico reprodujo las disposiciones de la lex majestatis adaptándolas a los principios del papado y de los cardenales. Entre los crímenes laesae majestatis humanae quedaron comprendidos tanto los atentados contra el pontífice y los príncipes de la Iglesia, como las tentativas y la instigación.

En Europa surgen los delitos políticos. Es con la influencia de numerosos pensadores como Montesquieu, Beccaria y Feuerbach que se abolió la pena de muerte y se estableció el principio de impunidad para los pensamientos de carácter sedicioso; de igual manera se exhibieron los abusos en la aplicación de la pena por delitos políticos.

En España, el Fuero Viejo castigó con la pena de muerte y confiscación del feudo a la traición.

El Fuero Real penalizó los crímenes de lesa majestad con la muerte y la confiscación, pero se moderó en la última al no privar a los herederos de una parte de los bienes, la necesaria para sobrevivir. n