Sexenios de estulticia

Escrito por  Ginés Sánchez Feb 23, 2021

El hambre y la guerra, dos azotes que han perseguido a la humanidad por siempre. El año 2020 y lo que va de 2021, al mundo también le cayó una pandemia, una peste en la semántica más antigua del término, el Covid-19. A México le ha pegado fuerte, contrario a lo que la mayoría creía, y es que con el cada vez más endeble sistema de salud, heredado por el actual gobierno federal, sumado a los malos hábitos alimenticios de millones de mexicanos, han cobrado una muy dolorosa factura.

En 2009 el entonces presidente Felipe Calderón, en otro de sus fallidos intentos de presentarse a sus gobernados como un héroe o ya de perdida como un personaje un poco menos impopular, exageró cuando apareció una mutación de la influenza, el llamado virus AH1N1. Imposible olvidar los enlaces en cadena nacional para ver a un presidente asustar a la población con un virus que, a la postre, no era, pero ni de lejos, lo que se pretendía hacer creer. Un presidente de la República enseñando a estornudar a los mexicanos en cadena nacional, un triste espectáculo digno del presidente más mediocre y ruin de la historia contemporánea en México, quizá sólo comparable con Victoriano Huerta.

De aquel show mediático es que, en esta epidemia, mucha gente en México haya pensado, no sin razón, que todo el asunto era “un invento del gobierno”. Al modo del cuento del lobo, en esta ocasión la amenaza fue crudamente real.

Pero, en fin, el asunto de la pandemia viene a cuento debido a que pilló a la administración lopezobradorista en una situación débil en todos los órdenes, por decir lo menos, y basta de muestra los casi 400 hospitales o clínicas que en el sexenio de Peña Nieto se quedaron incompletos; por 18 años (2000-2018) en los que México vivió una decadencia ética y moral inédita; algo no visto desde lo que fue la primera y tan caótica mitad del siglo XIX.

Y basten dos botones de muestra: se hicieron negocios multimillonarios con la muerte y el hambre del pueblo, con la primera desgracia, mediante la mal llamada “guerra contra el narco”, que hoy sabemos ya, con toda certeza, se trató de una guerra entre facciones del crimen organizado, con origen en la irrupción en el negocio de las drogas de altísimos funcionarios del gobierno federal; la guerra, las armas y la muerte, que han causado al país más de 200 mil muertos, más otro tanto de desaparecidos, que están en uno de los tantos predios de ese gigantesco panteón clandestino llamado México.

En cuanto al otro azote aquí mencionado, el hambre, el sexenio de Enrique Peña Nieto no tuvo pudor ni reparo en hacer riquezas personales de la nada con eso, la tristemente famosa “Cruzada contra el hambre” fue sólo una más de las farsas, en las que hoy sabemos (tan sólo de dicho programa federal) se desviaron más de 1,300 millones de pesos a campañas políticas del PRI y a los bolsillos de un puñado de hoy “ilustres” opositores.

Dios nos agarró confesados, porque si esta pandemia que hoy nos lacera hubiera caído en alguno de los tres sexenios de la estulticia (Fox, Calderón, Peña), se habría visto al Sars-Cov-2 como una oportunidad más para hacer jugosos negocios, así como lo hicieron con la guerra y el hambre; con lo que quedó en pie, el actual gobierno se las ha arreglado para paliar la desgracia, una que nos llegó desde tierras muy lejanas, y que aun así no ha detenido el rumbo del primer gobierno de la Cuarta Transformación, sin siquiera tener que acudir al ya tan desprestigiado expediente del endeudamiento por medio de los organismos financieros internacionales de siempre, que por cierto, la mayoría de los países del planeta han tenido que caer, nuevamente, en sus afiladas garras.

Por todo lo anteriormente expuesto y más, lo que la oposición no entiende es que el castigo de los ciudadanos electores mexicanos no será por tres añitos, todo fuera como eso, sino que por muchos años más; eso lo entenderán a manera de un balde de agua helada en junio de este año, donde Morena arrase de nuevo en las urnas. n