Feminismo desvirtuado

Escrito por  Ginés Sánchez Feb 02, 2021

En abril de 2019, el afamado músico de rock mexicano Armando Vega Gil, miembro fundador del grupo Botellita de Jerez, fue denunciado, anónimamente, de abuso sexual cometido con más de una década de antelación, mediante una cuenta de Twitter del movimiento conocido cómo #MeToo, cuyo supuesto fin era denunciar abusos sexuales de personajes del mundo del espectáculo, fundamentalmente.

La reacción del bajista, ante la imposibilidad de demostrar su inocencia ante tal aberración, fue inesperadamente extrema y radical: amaneció, en una calle de la colonia Narvarte de la Ciudad de México, colgado de un árbol; se suicidó, pues, no sin, poco más de una hora antes de su macabra decisión, dejar en la misma red social Twitter un mensaje afirmando que tomaba la decisión de quitarse la vida debido a la avalancha de agresiones de la turba de seres poco pensantes, que, escudados los más en un cobarde anonimato que se enseñorea en las redes sociales, armas ya de doble filo (así cómo la misma denunciante), se le vendrían encima, dañando su reputación como artista y como persona. Dejó hijos huérfanos.

La reacción del bajista y además fotógrafo profesional y escritor causó conmoción nacional, y llevó a la empresa Twitter a cancelar las cuentas de dicho movimiento, inspirado en grupos radicales del extranjero, donde no tuvieron empacho en lastimar la impecable figura de un caballero, en toda la extensión del término, como es el tenor español y filántropo Plácido Domingo, quien, no está de más decir, recobró ya su reputación de una forma total y completa, afortunadamente para el, su familia y su público.

El hecho de lanzar este tipo de acusaciones, sin sustento alguno de ningún tipo, se ha convertido ya en un arma para fines viles de todo tipo; recién, el reputado jurisconsulto, decano de la Facultad de Derecho de la UNAM y, por ende, presidente del Tribunal Universitario, doctor Eduardo López Betancourt, fue víctima de una aberración similar, se comprobó ya falsa, con fines oscuramente políticos detrás.

Estamos ante la presencia de un movimiento feminista desvirtuado, cuando no es por la infiltración en sus marchas por delincuentes financiados por motivaciones de todo tipo, sin reparo en utilizar a la mujer como alfil para linchamientos públicos de partes interesadas en todo menos en las justas causas defendidas por la lucha feminista, ya aparentemente tan alejada de aquel movimiento que logró, en los años 50 del siglo pasado, el voto femenino en México y otras tan valiosas, innegables y merecidas conquistas; es imperativo que se entienda algo: el bien y el mal no están en el género (masculino o femenino), sino en la especie (el ser humano) y su condición, no pocas veces, perversa y tóxica.

En estos momentos, en el movimiento feminista, se esconde la bajeza de calumniar a un candidato a la gubernatura de Guerrero, con una familia que sale lastimada, esto es porque en toda encuesta o sondeo luce simplemente inalcanzable; conveniente, y después de décadas sin una palabra que lo relacionara con felonía alguna, se pretende hacerlo percibir casi casi como un asesino serial.

No está de más decir que esas negras y desalmadas manos que mecen la cuna fracasarán, como en el caso ya citado del doctor López Betancourt. Vivimos tiempos muy extraños, en que los piropos y el romanticismo hacia la mujer corren el riego de acabar en el Ministerio Público, y se atenta, al tiempo, contra costumbres inofensivas de tiempos inmemoriales, propias de la picaresca nacional mexicana, como, por ejemplo, la prohibición de la Fifa, de aquel famoso grito de la afición al fútbol en los estadios mexicanos. n