Maradona y México

Escrito por  Ginés Sánchez/II Dic 09, 2020

Argentina fue la primera selección en arribar a México y la última en irse. En el país del Cono Sur muy pocos creían en su selección; de hecho, sufrieron para obtener el boleto en las eliminatorias; la prensa los asediaba, así que su entrenador, el mítico Carlos Salvador Bilardo, después de un campamento de altura en Sudamérica, decidió huir de ese ambiente hostil, llegar 40 días antes de comenzar el campeonato mundial y continuar la preparación de una buena vez ya en México.

En buena medida por los buenos oficios como publirrelacionista del portero argentino y símbolo americanista Héctor Miguel Zelada, se gestionaron las instalaciones del Club América, en Coapa, para la selección albiceleste, que acababa de construir su casa club, que fue estrenada por el combinado platense y que a la fecha funciona como dormitorio para los jóvenes de la cantera azulcrema.

Una anécdota que muchos no saben es que una tarde hubo un partido amistoso entre la escuadra a la postre campeona del mundo, Argentina, y las Águilas del América, en el cual el América mexicano dio un baile a los argentinos, con gol tempranero del ya entonces famoso y gran promesa, el delantero Ricardo Peláez.

El América fue un sparring más duro de lo imaginado, un sinodal estricto, que no los dejó ganar, y Bilardo lo que menos quería era eso, y mucho peor aún, perder dicho encuentro. Así que con el pretexto de hacer anotaciones, correcciones y experimentos, el juego se alargó y se alargó; el verdadero motivo era que “se acaba hasta que llegue el empate”, cosa que, si es que llegó, fue ya entrada la noche, y más como una amable concesión del club mexicano (que no contaba con sus jugadores seleccionados para jugar el mundial), porque hay quienes lo jugaron y aseguran que dicho gol del empate jamás llegó.

El recién desaparecido y mejor futbolista de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, fue férreamente marcado por el Capitán Furia, Alfredo Tena, y por el icónico defensa mexicano Efraín Cuchillo Herrera, impidiendo así el resultado que hubiese sido el presupuestado.

El América también jugó un amistoso con la selección de Irak, en el entonces centro de capacitación de la selección mexicana, el Cecap.

Otro hecho para la historia de los mundiales es que la selección argentina no dio la obligada vuelta olímpica en el estadio Azteca, sino que se realizó en la cancha 1 de Coapa, la casa de las Águilas y sitio que había sido su hogar por cosa más de dos meses. Ahí, y con la Virgen de Luján como testigo, a la que se encomendaron desde su salida de la Argentina, fue la vuelta olímpica, en una ceremonia íntima y con muy pocos medios de comunicación presentes.

Caso muy especial es el del ya citado arquero argentino y entonces del América Héctor Miguel Zelada, quien por cierto, en el partido también ya comentado, jugó para su club, porque como tercer portero, Bilardo quería verlo en acción también, y es sui generis el caso Zelada, porque es el único campeón mundial de fútbol de la historia, que no jugó nunca ni un solo minuto con su selección, pero su aporte fue importantísimo, consiguió unas instalaciones inmejorables para la selección de su país, estratégicamente ubicadas, cerca de los estadios en los que jugaron (CU, Azteca y Cuauhtémoc de Puebla), aparte de fungir como guía en el país sede donde él vivía (y aún reside, por cierto) y jugaba.

Fue Zelada quien guió al cuerpo técnico para encontrar una tienda donde vendieran la casaca azul marino que debían usar frente a los ingleses, y que la firma Le coq no la fabricaba con la tecnología para el calor, como si lo era con la celeste y blanca, hecho que hizo que sus jugadores sufrieran de más en el encuentro de octavos de final contra Uruguay, ganando apenas por la mínima diferencia; las playeras se encontraron, como de milagro, sólo que piratas, pero no pesadas y sí ideales para el calor del verano mexicano, y no hechas para el invierno, como las oficiales. El escudo de la AFA (Asociación de Fútbol de Argentina) se confeccionó con el equipo de cómputo con el que contaba el América, y sus costureras, quienes trabajaron a marchas forzadas para que estuvieran listas, con todo y sus también improvisados números.

En fin, el mejor equipo del fútbol mexicano contribuyó a aquel memorable campeonato mundial en nuestro país, donde el ingrediente político estuvo presente, porque el partido Argentina contra Inglaterra se jugaba con las heridas de la guerra de Las Malvinas aún muy recientes. Prueba de la importancia del América mexicano en la consecución del título es que Oscar Ruggieri, férreo defensa y su segundo capitán, viniera a jugar al América, en la temporada 92-93, y la medalla de campeón del mundo que tiene Zelada es en parte, cómo no, también de las icónicas Águilas del América. n