¿Un epidemiólogo al viejo Palacio del Ayuntamiento?

Escrito por  Ginés Sánchez Jun 30, 2020

El personaje del momento, si bien inesperado este y por demás trágico para el país y el mundo, el doctor Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Salud, encargado de ser el general que dirige los esfuerzos de los ejércitos blancos en la lucha sin cuartel contra este diminuto e inesperado enemigo que tiene al mundo de rodillas (SARS-CoV-2/Covid-19); hijo y nieto de inmigrantes españoles republicanos (como el que escribe, dicho sea de paso), estudiante del Colegio Madrid, fundado precisamente por la diáspora republicana, en la colonia Roma de la Ciudad de México, donde ya sobresalía en oratoria y participaba en el parlamento infantil, estudiante luego de la prepa 6, reconocido como joven comprometido con ideas progresistas desde entonces, luego cursó sus años universitarios en la UNAM, en la facultad de Medicina; de ahí pasó por una especialidad en el hospital del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, quizá el mejor hospital de tercer nivel de este país, y una maestría en Ciencias Médicas (también por la UNAM) y de ahí un doctorado en Epidemiología en la reputadísima Universidad J. Hopkins, en Maryland, Estados Unidos.

El considerado rey de las redes sociales, rockstar de la 4T, casualmente formó parte de una banda de rock, de la que dos de sus integrantes destacaron después ya como profesionales; referente obligado en este turbulento 2020. Su trayectoria no se limita a la medicina y a la administración pública relacionada al sector salud, ya que fue participante activo en los movimientos estudiantiles de la UNAM de finales de los años 80 y principios de los 90, en contra del cobro de cuotas a estudiantes y otras medidas que hacían temer por la educación superior gratuita. No es, pues, un novato en lides políticas, y esto sale a relucir con su impecable manejo ante los medios de comunicación, y las arremetidas, salvajes en ocasiones, de la oposición. En cuanto a su desempeño como funcionario público, fue casualmente director de Epidemiología en los primeros años del calderonato, justo cuándo irrumpió la pandemia de la gripe AH1N1 en el año 2009, de donde salió al poco tiempo. Ahora se sabe, su renuncia fue debido a actos de corrupción en la adquisición de insumos por parte de funcionarios cercanos al cada día más impresentable ex presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Nacido en la Ciudad de México en febrero de 1969, Hugo López-Gatell ha adquirido un perfil inexorablemente político, donde podría ya pintar como un aspirante a ocupar la sede de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, sucediendo a su ex compañera en las lides del ya citado movimiento universitario del CEU; no sería en México el primer caso de un médico que sea exponente en política de altos vuelos: los ha habido desde presidentes de la República (Valentín Gómez Farías y Anastasio Bustamante) hasta miembros prominentes del gabinete presidencial, pasando por gobernadores. Entre algunos destacados están Gustavo Baz, gobernador del estado de México, secretario de Salubridad y Asistencia de Ávila Camacho y senador de la República, Emilio Martínez Manatou, también secretario de Salubridad del presidente Gustavo Díaz Ordaz, su entrañable amigo, con el que bromeaba cuando algún colaborador no se sentía bien de salud: “¡aunque sea, que te cheque Emilio!”, después también secretario de la Presidencia con José López Portillo y gobernador de su natal Tamaulipas, por citar algunos.

El doctor Hugo López-Gatell, además de provenir de un linaje médico (su padre, el doctor Francisco López Gatell Trujillo, fue parte del equipo que realizó el primer trasplante de riñón en este país, en el Issste), tiene la vena política propia de los ideales prístinos y sólidos de la tristísimamente derrotada República española. No nos sorprendan entonces algunos de los ataques en su contra, incluido el llamado fuego amigo, que no pocos ven ya en él a un potencial adversario y de mucho peso. n