Día del Maestro

Escrito por  Eduardo López Betancourt May 18, 2020

Se celebra tradicionalmente el 15 de mayo el día de maestras y maestros, figuras indispensables en toda sociedad. Los docentes son aquellos que siguen la vocación sincera de contribuir a la formación de otros, principalmente infantes y jóvenes, pero también personas de toda edad. Porque es maestro el de escuela, mejor llamado profesor, pero también hay maestros que son ejemplos prácticos, que ayudan a aprender con vivencias.

Comúnmente se habla del maestro como aquel que enseña a otros, o que transmite conocimientos.

En la actualidad las pretensiones de la labor docente se han hecho más modestas, o incluso se puede decir que sinceras. Las corrientes pedagógicas contemporáneas ponen ahora el interés en los alumnos, y nos dicen que más que enseñar o transmitir lo que sabe, mucho o poco, el buen docente es aquel que ayuda a su pupilo a aprender. Aunque inseparables, se ha hecho claro que no es lo mismo enseñar que aprender, siendo lo más importante cada vez lo segundo. El aprendizaje de los alumnos es como un fruto preciado, que con dedicación los profesores intentamos cultivar. Muchos factores llevan a malograr la cosecha, pero cuando esta se da, cuando la semilla del aprendizaje sembrada florece en el aprendizaje en el alumno, es la mayor dicha para el mentor.

Los docentes, modestos servidores dedicados a contribuir con los aprendizajes de los demás, llegamos a este 15 de mayo de 2020 llenos de preocupación e incertidumbre, como toda la sociedad. No estamos en las aulas y en los escenarios cotidianos del aprendizaje, en donde este día 15 recibimos las muestras generosas de afecto de alumnos y colegas. Ahora, nuestro festejo nos encuentra en el contexto de una cuarentena epidemiológica, lejos de pizarrones y pupitres. Sin duda, no estamos aislados.

Hay herramientas tecnológicas de cuyo uso se hace apología, que nos han permitido continuar las actividades académicas. Sin embargo, ustedes disculparán que lo diga, esas herramientas son útiles y es necesario usarlas en nuestro tiempo, pero para los maestros que hemos ejercido por décadas, que hemos pasado una vida al frente de nuestros grupos, de ninguna manera es lo mismo dar clase por computadora.

Finalmente, no hay que apesadumbrarnos. Esta época difícil pasará, como hemos logrado superar otras crisis naturales y humanas. Volveremos entonces con gran gusto a las aulas, a seguir gozando del ejercicio de nuestra vocación. Porque estoy convencido que el requisito esencial para ser un buen docente, es gozar y amar lo que uno hace. Esto es el llamado eros pedagógico, el amor por la práctica educativa. Cuando se carece de esta cualidad, nunca podrá ejercitarse la enseñanza en ninguno de sus aspectos.

Como lo digo cotidianamente, este amor hacia la práctica pedagógica es el amor hacia la juventud, hacia la esperanza que se ve en cada uno de los pupilos, de ser los artífices de la construcción de un mejor futuro. El profesor ha de quererlos como se quiere a hijos propios, y luchar por hacer de cada uno de ellos lo mejor, y brindarle las mayores opciones que permitan explotar su potencial.

A mis colegas maestros y profesores de todos los niveles que tengan la generosidad de leerme, muchas felicitaciones en este su día, y un abrazo desde la distancia como lo permiten los medios tecnológicos. Mucho ánimo también, que en breve nos reencontraremos haciendo lo que amamos. n