La propuesta de elevar a rango de ley el programa de fertilizante subsidiado que se reparte a los campesinos del estado tiene méritos en sí misma, independientemente de su origen partidista y de quién esté haciéndola.

La propuesta es pertinente y necesaria en este momento, y sólo habría que cuidar que, cuando sea redactada –si es que llega a ese punto–, la manera en que esté planteada no vaya a dar pie a acusaciones de dumping de otros países a los que eventualmente lleguen los productos agrícolas cultivados en el campo guerrerense.

Hay que recordar que México tiene firmados varios tratados comerciales con otras naciones y que va por más. Y no hay que dar pie innecesariamente a acciones jurídicas malintencionadas.

Como se recordará, el programa de fertilizante subsidiado fue ideado y creado por el entonces gobernador Rubén Figueroa Alcocer con fines electorales. Era el tiempo en que el PRI perdía intención de voto de modo acelerado en las ciudades, y sólo le quedaba el voto campesino para mantenerse en el poder. Entregar fertilizante muy barato debía servir para asegurar ese voto verde.

Para el entonces gobernador era, por otro lado, un negocio redondo: con dinero del gobierno compraría el fertilizante a su empresa Fertimex y pagaría su transporte a la empresa Figuermex. Ganaban el sistema, el partido oficial y las empresas del mandatario.

De poder a poder

Abr 23, 2018

Cuando el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, habla de que no se negocia la aplicación de la ley, refiriéndose a las declaraciones del obispo Salvador Rangel Mendoza en el sentido de que pactó con el narco, seguramente los lectores no saben a ciencia cierta si reír, llorar o arremeter contra el funcionario federal.

Declaró que “hay un problema de seguridad en esa entidad” (Guerrero); sin embargo, dijo, se debe ingresar a la zona para detener a los generadores de violencia.

Desde luego que no descubre el agua tibia cuando reconoce que priva la inseguridad (sin mencionar violencia) en la entidad, pero le faltó mencionar en qué momento pensará ordenar que quien tenga que hacerlo ingrese a la zona y detenga a los delincuentes, porque, la verdad, el actual gobierno federal, al cual presta sus servicios, se tardó ya cinco años para imponer el orden.

Cambio saludable

Abr 23, 2018

Producto tal vez de una trepanación; quizás, del psicoanálisis o a lo mejor simplemente de una reflexión profunda, concienzuda o estratégica, la candidata a senadora de la alianza por México al Frente, Beatriz Mojica Morga, ha dado un giro de 360 grados a su actitud frente al gobierno del estado.

Desde la pasada campaña por la gubernatura del estado, Mojica Morga había sostenido una actitud de ataque sistemático, ininterrumpido, sin tregua, contra quien se llevó el triunfo en las elecciones, Héctor Astudillo Flores.

No le veía una sola virtud, ninguna acción de gobierno digna de aplauso, nada le parecía; lo seguía acusando de corrupto y hasta de tener trato con el narcotráfico, sin aportar elemento alguno con que soportar sus acusaciones, que bien pudieron haber dado cauce a una demanda penal.

Poco a poco, conforme se difunden nuevos testimonios acerca del incidente en el que murieron al menos dos integrantes de una familia, el domingo 25 de marzo en Nuevo Laredo, Tamaulipas, cuando un helicóptero de la Armada perseguía a delincuentes que habían emboscado a tres patrullas de marinos, la versión que el instituto armado dio de los hechos se desmorona.

El episodio ha escalado a otro nivel en su ruta hacia el escándalo, al declarar uno de los supervivientes que un militar bajó de la aeronave, se acercó al vehículo baleado e informó: “Es una familia. Nos equivocamos. Llamen a una ambulancia”. Los testimonios, sin embargo, son sólo algunas de las pruebas que se han ido acumulando.

Hasta donde queda claro hoy, ese día murieron ametralladas la madre y dos niñas, de 4 y 6 años, víctimas colaterales de una guerra que no tiene futuro para ninguna de las partes.

De las guerras del Estado contra el crimen organizado, la enfocada al narcotráfico es la más absurda, la más perniciosa y la más condenada al fracaso, por una razón muy simple y muy sencilla: las personas que consumen drogas lo hacen, no forzadas, sino por voluntad propia.

Eso hace la gran diferencia entre ese crimen y los otros de alto impacto, pues en ningún otro caso la víctima lo es por su propia voluntad, si bien la del adicto puede estar distorsionada por el efecto de las sustancias tóxicas que consume. Es, pues, un asunto que tiene que ver con el derecho a la libre autodeterminación personal, y en ese ámbito debería ser resuelto.

Otro hecho ineludible es que en una guerra siempre habrá víctimas y daños colaterales. Siempre civiles inocentes acabarán perdiendo algo o todo. Es una especie de ley universal, aunque los ejércitos traten –si es que lo hacen– de minimizar esas pérdidas. Ocurre ahora mismo en Siria y ha ocurrido en Vietnam, en Crimea, en Corea, en la Revolución Mexicana y en toda conflagración armada.

Por eso es urgente cambiar el paradigma en el caso específico de la lucha contra las drogas. Y una manera muy sencilla de hacerlo es dejar de considerarlas ilícitas; despenalizarlas, pues, como se está haciendo en Estados Unidos y en cada vez más países.

Quienes así lo han hecho ya comprendieron que lo que se pierde con esa guerra es mucho más que lo que se gana; que es mejor que el adicto lo siga siendo en paz, que liberarlo de éstas al costo de miles de vidas.

Ojalá que sirva este gravísimo incidente para empujar a la sociedad a repensar este tema complicado, y para convencer a sus representantes populares y a sus autoridades de la necesidad de cambiar el paradigma. n

De resultar generalizada la situación que describieron este sábado prestadores de servicios turísticos de Icacos –una de las playas certificadas con el distintivo Blue Flag como limpia–, en el sentido de que han sido muchos los visitantes en esta Semana Santa, pero escasa la derrama económica porque se trata de personas con escaso poder adquisitivo, podrá decirse que Acapulco se enfrenta a un atorón, al final de varios años de crecimiento del índice de ocupación hotelera.

Es necesario hacer una lectura cuidadosa de los indicadores turísticos. El que se refiere a la ocupación de cuartos de hotel es un dato duro e incontrovertible; una cifra que no da lugar a interpretaciones ni a equivocaciones: una habitación se ocupa o no se ocupa, punto.

Y el caso es que en los años recientes este indicador ha venido a la alza de manera consistente, lo cual sí permite especular y hasta hacer deducciones acerca de la causa de esta bonanza y del frenón que significa la situación que describen los prestadores de servicios de la playa Icacos.

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