“Divide y vencerás”: divisa de Los Pinos

Escrito por  Ginés Sánchez Nov 28, 2017

Es un lugar común la estrategia y frase “divide y vencerás”, pero no por ello perderá vigencia algún día. En Los Pinos, la Secretaría de Gobernación y el partido en el poder tienen muy clara su estrategia, ya hace buen rato en marcha, rumbo a la elección presidencial de 2018.

La oposición, conscientemente o no, se perfila ya como la mejor aliada del PRI: de entrada, ya se dividió al PAN con la salida de Margarita Zavala, y no se ha dejado de torpedear al Frente Ciudadano por México mediante filtraciones de verdaderas joyas de sus más visibles aspirantes.

El PRD, convertido en un patético partido rémora nada menos que de su principal antagonista ideológico, Acción Nacional, tampoco se ha salvado de que se saquen sus trapitos al sol, y el grotesco y acomodaticio MC naranja busca, ante todo, conservar el registro de su jugoso negocio-franquicia, misma que puede ver amenazada si la candidatura independiente del cantante ranchero Vicente Fernández júnior prospera en Jalisco, en detrimento del principal activo y esperanza de Movimiento Ciudadano, Jesús Alfaro.

Ahora, en el tema de las candidaturas “independientes”, estas son alentadas también desde Palacio Nacional poniendo de dos a cuatro nombres en la boleta, para pulverizar el voto opositor; todos ellos saben que jamás llegarán a la Presidencia, pero el ser funcionales al PRI les es más que redituable en todos aspectos. Así, es casi seguro que Jaime Rodríguez Calderón El Bronco y Margarita Zavala consigan reunir las firmas requeridas y sean candidatos. Los que no logren su postulación, sea por la vía independiente o por alguna otra vía –sobre todo los que no resulten nominados por el mencionado Frente Ciudadano– lo podrían hacer por alguno de los partidos satélites del PRI, sean el Panal, el Verde o el PES, que serían tan funcionales al partido en el gobierno como aliados de facto o como sus aliados formales.

Otro aliado, en parte, del PRI, aunque muchos se cieguen y no lo quieran entender, es el propio partido Morena, el único que tiene un aliado que resta, el PT del otro Anaya, el salinista Alberto, y sus lazos con el dictador Kim Jong-un, de Corea del Norte, y sus jugosas alianzas y negocios al amparo del Estado mexicano; el único cuyo líder –Andrés Manuel López Obrador– veladamente defiende la mismísima venta de plazas en el magisterio; uno de cuyos legisladores propuso como candidata a Kate del Castillo ni mas ni menos que para obtener la presea de mayor importancia que otorga el Congreso mexicano, la medalla Belisario Domínguez.

En este ultimo caso yo me preguntaría con qué méritos, pues hasta donde sé la señorita Del Castillo abiertamente ha demostrado que es capaz de lo que sea por fama y dinero, con el descaro de alardear en público que tuvo sexo con un actor gringo sólo por negocios. ¿Eso es parte de la “regeneración moral” que impulsa ese partido?

En el último de los casos tiene más merecimientos el señor Joaquín Guzmán Loera, que –se quiera o no, guste o no– ha ingresado muchos miles de millones de dólares al país como divisas, recursos que benefician a regiones enteras que, si no, estarían olvidadas de la mano de Dios. No por nada las multitudinarias manifestaciones contra su detención en Sinaloa, por ejemplo.

No es que este servidor esté a favor del crimen, ni mucho menos, pero hay que recordar que esa actividad (el narcotráfico) sólo obedece a las leyes de la oferta y la demanda, y nuestro bonito vecino del norte es el principal consumidor de sustancias prohibidas del planeta, y además las paga mejor que nadie.

Así, pues, con toda esta estrategia magistralmente armada, es muy posible que la boleta electoral para presidente en 2018 juegue entera en favor del candidato del PRI, porque hay que reconocer también que “la caballada no está tan flaca” esta vez en ese partido, a menos que se dé un disparo en el pie al nominar al panista recién convertido en tricolor José Antonio Meade, que sólo ofrece a los electores lo que menos buscan: continuidad pura, con alguien que vio y dejó pasar toda clase de excesos en las dos recientes administraciones federales, en las que figuró como titular de varias carteras. n