La nueva reconstrucción

Escrito por  Oct 14, 2017

La decisión gubernamental de entregar dinero directamente a los damnificados por el huracán Max y el sismo del 19 de septiembre, para que sean ellos mismos los que reconstruyan sus viviendas, debería ser sopesada cuidadosamente antes de ponerla en práctica.

La medida tiene su origen en los problemas asociados a la reconstrucción de Guerrero derivada de la tormenta tropical Manuel y el huracán Ingrid, que si tuvo incumplimientos, no fue precisamente porque el programa estuviera mal diseñado, sino porque el gobierno no fue minucioso en las labores de supervisión.

Nada garantiza que el hecho de poner el dinero en manos de los afectados se lleve a cabo de la mejor manera, y si en la ejecución del Plan Nuevo Guerrero hubo prácticas de corrupción en sus diversas modalidades, los perjudicados por Max y el temblor también pueden hacer mal uso del recurso, si no se crea un procedimiento que los revise constantemente y verifique cabalmente el cumplimiento de objetivos.

Habrá que recordar tiempos aquellos en que el Banrural, por medio de sus agentes, acudía a las comunidades a entregar en manos de campesinos los créditos en dinero para la siembra y cultivo propio de la temporada de lluvias.

En el mismo sitio en que se repartía el dinero, los campesinos comenzaban a comprar cerveza hasta por cartones; se emborrachaban y al día siguiente amanecían sin moneda alguna.

Hoy en día, no parece tener mucho peso la postura gubernamental de que “quien reconstruya su casa va a tener la gloria de su familia y de su pueblo, porque viven en comunidad; la gente va a ver, va a decir: le dieron dinero, e hizo su casa, y el que no lo haga, pues va a tener la deshonra frente a su pueblo y más con su familia”.

Desafortunadamente, no pocos son los que no se interesan en obtener la gloria de su familia, ni la de su pueblo, ni les preocupa cargar con la deshonra por el incumplimiento.

Tiene lógica, sí, aquello de que la autoconstrucción fomentará el empleo local en el pueblo, la compra de materiales en lugares cercanos, y el ánimo de ir reconstruyendo la casa en la medida de lo posible como los damnificados; no obstante, si no se define un mecanismo de supervisión y cumplimiento adecuado y eficaz, las buenas intenciones podrían dar al traste. n