El niño ahogado

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Oct 08, 2017

Hace poco les contaba que el gobierno lamenta hechos que se pudieron prevenir, pero por negligencia, por acción u omisión dejó de hacer a su debido tiempo.

Les cuento. En esta semana que concluyó ocurrieron sucesos lamentables en Taxco, donde un cerro se desgajó, arrastrando grandes rocas que, por desgracia, fueron a dar contra una urvan del servicio público del transporte, repleta de pasajeros, que iba pasando en ese momento por la carretera, causando la muerte de dos personas por el impacto, y otra más cuando era atendida en el hospital, más siete lesionados, algunos de gravedad.

Ante las constantes lluvias que se han presentado en el estado, en algunas regiones con más intensidad que en otras, se han reblandecido los cerros, que, por el crecimiento de las manchas urbanas y la tala inmoderada, están quedando pelones y sin refuerzos (las raíces de los árboles) que contengan la tierra y piedras que los conforman.

Cada temporada de lluvias ocurren deslaves en las carreteras que dejan incomunicadas a las comunidades hasta por varios días. Si estos aludes ocurren cada año, ¿por qué no se previenen y se realizan apuntalamientos de los cerros o alguna otra actividad que evite que con cada lluvia se bloqueen las carreteras y caminos?

Ahora bien, ¿qué pasa con los cerros en las ciudades?

Con el crecimiento desordenado de nuestros pueblos y ciudades, que toleran los gobernantes, el peligro crece para la población, pues la orografía del estado está conformada por la Sierra Madre del Sur, que cruza por muchos municipios que se fundaron al pie de colinas, lomas y cerros. Precisamente, tenemos una región llamada La Montaña, para muestra de lo que digo, donde, entre cañadas y abismos, existen pueblos alejados de las principales vías de comunicación y de los grandes centros de población, pero al pie de los cerros.

Pues bien, en estos lugares está el peligro latente de deslaves y deslizamientos de los cerros, como lo que ocurrió en Taxco.

Después del alud que golpeó a la urvan de pasajeros, las autoridades reaccionaron y cerraron el tramo carretero donde ocurrió el derrumbe, evacuaron a unas 80 familias de la colonia El Martelas en Taxco, y Protección Civil realizó trabajos para retirar varias rocas que estaban en peligro de desplomarse por la ladera y afectar a las viviendas de la zona. O sea, después del niño ahogado. Aunque más vale tarde que nunca.

Si en este y otros casos las autoridades no hacen nada al respecto, o lo hacen demasiado tarde, como evitar que zonas de alto riesgo sean ocupadas por la gente necesitada de vivienda, o las que ya están asentadas en esos lugares peligrosos reubicarlas o, al menos, hacerles saber a lo que se exponen al estar ocupando esos sitios, haciéndoles firmar documentos de enterado y que están ahí bajo su propio riesgo.

¿Por qué no se controlan estos asentamientos, principalmente en las ciudades? Ah, porque son votos que servirán para los procesos electorales, y si se desaloja a esta gente son votos perdidos para la causa.

Tampoco hay que olvidar lo que ha ocurrido en múltiples ocasiones en Acapulco: Paulina, Ingrid y Manuel; Max y los temblores, al menos los más importantes y que tienen nombre.

Veamos en concreto lo que sucedió en el puerto con Ingrid y Manuel. Estos fenómenos meteorológicos afectaron el mismo día nuestra ciudad, con los daños más importantes en la zona Diamante, en el área de la colonia Colosio, donde, por la corrupción, autoridades y constructoras se lanzaron a autorizar y construir casas de interés social sin ton ni son.

No les importaron bloquear los cauces naturales de los ríos, además que esa zona es de manglares.

Al ocurrir las torrenciales lluvias, el agua buscó la salida y los ríos se salieron de cauce arrastrando tierra, lodo y basura hacia los fraccionamientos de ese lado de la ciudad.

Hubo pérdidas de vidas humanas, viviendas, autos, enseres domésticos y mascotas. El gobierno federal de inmediato declaró que se fincarían responsabilidades a las autoridades que habían otorgado las licencias de construcción en forma indebida; para lugares que no eran habitables; también dijo que en un mes tendría la información de los culpables. Pero cuando se dio cuenta qué personajes de la política estaban involucrados en este ilícito, prefirió callar, y ya han pasado más de cuatro años sin que se sepa ningún nombre de responsable, a pesar de que, en ese entonces, se barajearon los nombres de gobernadores y presidentes municipales involucrados. Algunos priístas, otros perredistas.

Pudo más la corrupción que el sentido de justicia.

Con el huracán Max ocurrió algo similar, pero aquí salieron a relucir también obras realizadas por el gobierno federal, como carreteras, caminos y puentes. Entre estos últimos está el puente de El Zapote, en Coyuca de Benítez, que Ingrid y Manuel lo tiraron con la corriente crecida del río de Coyuca, dejando por algunos días incomunicada al resto de la Costa Grande.

Este puente fue reconstruido por el actual gobierno federal, y tenía cuatro años o menos de haber sido puesto nuevamente en operación cuando, otra vez, fue dañado por las constantes lluvias de la presente temporada. O como quien dice, se hacen obras desechables, para un rato, no como antes, que duraban decenas de años y aguantaban tormentas y temblores.

Por eso las autoridades dicen que en Guerrero no pasa nada.

O sea, vivimos en el paraíso y no nos damos cuenta.

Qué mal. n