Desfachatez

Escrito por  Ginés Sánchez Sep 26, 2017

Quién hoy ya puede dudar de la pésima fortuna de la administración Peña Nieto? Desgracias de todo tipo, empezando con los actos vandálicos el mismo día de su juramento, seguido de incidentes, como las extrañas explosiones en la Torre de Pemex; más adelante, accidentes, terremotos, huracanes, matanzas de estudiantes, gobernadores criminales (hoy la mayoría presos o procesados), la brutal caída de los precios internacionales del petróleo, la campaña y el triunfo de Donald Trump, la volatilidad en el tipo de cambio del peso, la fuga del Chapo Guzmán, un clima de total impunidad en la que se movía toda la clase política desde el año 2000, la herencia maldita de la guerra absurda, innecesaria y perdida de Calderón, y hasta la caída de un satélite mexicano en su lanzamiento al espacio, tan sólo por mencionar los que se vienen a la mente en lo que se escriben estas líneas.

Imaginemos tan sólo la vocación reformista de esta administración federal en un escenario como el de principios de 2007: un México con paz social, con el precio del crudo por las nubes y sus excedentes dilapidados, sin desastres naturales, una administración en Washington con espíritu de colaboración hacia su país vecino del sur. En fin, con un enorme margen para que México hubiera experimentado una etapa de florecimiento ejemplar.

Esto no fue, ni es, así. Y el presidente, ante la tormenta, continúa al timón sin titubear.

Por otro lado, ante el desastre de este nuevo fatídico 19 de septiembre (tétricamente, el mismo día, pero 32 años después del primero) el ex presidente Felipe Calderón mostró, en un solo comentario en su cuenta de Twitter, su inmensa estupidez sin límites, al proponer ni más ni menos que ¡el uso de maquinaria pesada para el rescate de supervivientes! Esta barbaridad va contra el abc del rescatismo en terremotos, pues su uso equivale a matar a todo ser vivo que continúe atrapado entre los escombros. Esta brillantísima propuesta sólo muestra su altísimo nivel de mediocridad como ser humano, o algo más grave: su desprecio total por la vida de todo tipo, mismas características que demostró, sin ambages, durante su periodo presidencial.

En estos momentos en que la ciudadanía y la clase política viven una especie de divorcio irreconciliable, la solidaridad ciudadana ha sido patente de nuevo en la desgracia, pero sin duda las corporaciones de seguridad del Estado mexicano, llámense policía, Marina o Ejército, trabajan hombro con hombro, en una coordinación con los civiles que no se vio en 1985, a pesar de que estos eventos rebasan a cualquier autoridad, en cualquier parte del mundo.

En medio de este clima de bajísima reputación de todo nuestro sistema político, ha emergido un clamor ciudadano por redestinar parte de los recursos obscenos que se asignaron a nuestro atrofiado sistema electoral y de partidos políticos; se ha levantado en redes sociales esta exigencia, lo cual pone a prueba, entre otros tantos, a un personaje siniestro de la política mexicana, Dante Delgado, dueño de la franquicia del partido naranja, que tiene la desfachatez y el cinismo de decir que está a favor de la eliminación del financiamiento publico a estos entes de interés público, al tiempo que se ha enriquecido de manera grosera al amparo de su partido.

Es la oportunidad de Dante Delgado y de todo su instituto político para sumarse a los ciudadanos en su legítima exigencia, y lograr algo en ese sentido; veremos si su propuesta es sincera o si, de plano, nunca debió reintegrarse al servicio público a su salida de prisión a finales de los años 90. n