Incansables

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Sep 24, 2017

De nuevo nuestro estado sufre los embates de la naturaleza. Cuando creímos que con el sismo del 7 de septiembre había pasado lo peor, vino el temblor del día martes 19, justo cuando se cumplían 32 años del terremoto que afectó a la ciudad de México, con saldo oficial de más de 10 mil muertos. Y, como remate, este sábado en la mañana se registraron otros dos temblores de 6.1 grados, con epicentro en el estado de Oaxaca.

La zona más afectada de Guerrero fue la Norte, la más cercana al estado de Morelos, donde se registró el epicentro este día 19.

Como siempre, los que más sufrieron las consecuencias fue la gente humilde, la que vive en comunidades o zonas pobres de las ciudades; la mayoría de las viviendas dañadas eran de adobe, que, aparte, ya se habían reblandecido las paredes y bardas por las constantes lluvias que se registran casi a diario en este mes.

Según declaraciones del gobernador Héctor Astudillo Flores, el municipio de Atenango del Río fue el más dañado por el sismo, pero también en otras municipalidades de la región Norte, como Taxco de Alarcón reportan grandes daños a sus monumentos históricos, como la parroquia de Santa Prisca, símbolo de esta ciudad platera.

Deslizamientos de piedras, socavones en carreteras, caídas de puentes, han dejado aisladas a decenas de comunidades donde, como siempre, se hace difícil la llegada de ayuda por parte de las autoridades.

Por medio de la televisión, nos hemos dado cuenta de la inmensidad de los daños causados en los pueblos y ciudades, principalmente en la ciudad de México, donde los últimos datos dados a conocer son casi 300 muertos, cerca de mil lesionados y decenas de desaparecidos, esto a nivel nacional. En Guerrero, reportan seis fallecidos.

Otra vez, como hace 32 años, la solidaridad del pueblo mexicano se ve, y se siente el apoyo a los hermanos afectados por la desgracia. Como hormiguitas, uno tras otro, los voluntarios hacen fila en espera de su turno para participar en el retiro de escombros, en el rescate de víctimas, en el acopio de víveres y medicinas en los lugares de los derrumbes y en la repartición de agua y alimentos a los rescatistas.

El pueblo, incansable, respondió. Fue tanta la afluencia de voluntarios que, las autoridades, coordinadoras de las labores de búsqueda y rescate, pidieron que ya no acudieran más, que, si querían ayudar, podría ser a través de la donación de herramientas, equipo de trabajo y medicinas.

La novedad en estos días es la intención de los partidos políticos de donar un porcentaje de sus prerrogativas para ayudar a los damnificados. El propósito es bueno, sólo esperemos que los recursos sean manejados por gente honesta, que destine el dinero para lo que se pretende.

Ahora bien ¿qué sigue después que termine la búsqueda de sobrevivientes y el retiro de escombros?

Las autoridades levantan un censo de los inmuebles destruidos y de los dañados que deberán ser derruidos, y proceder para proporcionar vivienda a los que se quedaron sin nada.

Por otra parte, ojalá no aparezcan los aprovechados arrendadores que, viendo la ocasión, aumenten en forma exorbitante el alquiler de los inmuebles, al ver la demanda de vivienda que se prevé que suceda.

Siguiendo con los daños en nuestro estado, el pasado jueves se reportaron daños en la estructura del puente de Coyuca de Benítez que comunica con la Costa Grande. Este puente tiene menos de 4 años que se construyó, porque el anterior fue destruido por Ingrid y Manuel en 2013. Como que es mucha coincidencia que las obras que el gobierno de Peña Nieto ha puesto en operación de 2012 hasta la fecha, sean de mala calidad y se gaste más en su inauguración que en la obra en sí.

Cuando este puente de Coyuca de Benítez, ubicado en la comunidad de El Zapote, era construido, el gobierno federal colocó en ambas direcciones de la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo sendos anuncios espectaculares anunciando la obra que se ejecutaba. Una obra para cuatro años. Es decir, un puente desechable.

Pero, hay que recordar otro caso: el socavón del Paso Exprés en Cuernavaca. Este estuvo peor, pues fue una “gran” obra para cuatro meses. Igualmente, se gastó más en publicidad y en su inauguración que lo que duró la obra. Otra obra desechable. Pero qué tal con el dinero del presupuesto ¿a quién le quedó? Es pregunta.

Así que, mientras más pronto el gobierno ponga en marcha las labores de reconstrucción, más pronto se irá dando solución al problema que trajeron los dos temblores, el del 7 de septiembre, de 8.2, catalogado como el sismo del siglo, como el del día 19, de 7.1 grados, y los de ayer sábado. Nada más que no vaya a pasar como ha sucedido anteriormente, que le empiecen a dar largas al asunto para que el paquete le quede a la próxima administración federal o que, por hacer las cosas aprisa, las hagan de mala calidad, con el fin de lucrar con la necesidad humana. Porque surge la duda, el presidente Peña Nieto, en declaraciones el viernes pasado, dijo que, “si nos apuramos, en tres o cuatro meses estarán listas las viviendas” para que el año nuevo sea con vivienda nueva. Pues mientras no las hagan desechables como acostumbran hacer sus obras, como las que están entregando a los damnificados por Ingrid y Manuel, desde hace cuatro años, que parecen de cartón, como se quejan los que las han recibido.

Ya hemos visto, las obras que se hicieron en gobiernos anteriores: de mala calidad, con tal de quedarse en sus bolsillos con la mayor parte del presupuesto. No tenía descanso la corrupción.

En este aspecto, las actuales autoridades han resultado incansables. Digo. n