Aspirantes despechados

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 12, 2017

Una foto en un restaurante poco o nada dice, o puede decir mucho. Si no, para qué el afán de hacer público el apoyo de un titular de la Secretaría de Gobernación (Miguel Ángel Osorio Chong) al candidato del PRI ungido (José Antonio Meade): el malestar del ministro, puntero en todo sondeo serio antes del destape, máxime en relacion al ex secretario de Hacienda, es patente y entendible.

Al respecto habría que recordar que en la lógica sucesoria y del siglo pasado, revivida en este 2017, secretarios del interior, sea en funciones o no, no han contribuido a facilitar la campaña del que resultó el ungido presidencial; casos emblemáticos como el de Manuel Bartlett en 1988, que teniendo el control de todo, incluidos los partidos de oposicion satelite o al servicio del gobierno, simplemente no parece haber hecho demasiado para que en el proceso sucesorio de aquel tiempo, el PARM y el PPS postularan al ingeniero Cuauhtemoc Cardenas y le dieran cobijo a toda la escindida y denominada corriente democratica del PRI.

Sea que por debajo de la mesa impulsó de plano esos acontecimientos, o simplemente, y ya sin la ilusión y toda la enjundia puesta en ese afán, simplemente dejó pasar el asunto, precipitando así los acontecimientos.

Lo mismo podria deducirse del famoso libelo que circuló en aquel entonces, con el título de Un asesino en la Presidencia, que revivía un acontecimientoo trágico en el pasado de la familia Salinas de Gortari, cuando los niños Carlos y Raúl, jugando con las armas de su padre, Raúl Salinas Lozano, fusilaron y dieron muerte a una empleada doméstica.

Y no es que haya sido responsabilidad directa de Bartlett la citada publicacion; de hecho, se dijo y aún se sostiene la tesis de la autoría del líder petrolero Joaquín Hernandez Galicia La Quina, que estaba abiertamente contra aquella candidatura. Tan es así, que en los estados petroleros la votacion a favor del Frente Democrático de Cárdenas y Muñoz Ledo fue inusitada y alta en relacion con las demás entidades.

Pero, volviendo a lo mismo, el titular de la cartera de Gobernación, Manuel Bartlett, tal vez no haya puesto demasiado empeño en evitar la publicacion y repartición de ese libelo. Todo lo anterior resultó en que el candidato Salinas tuvo un proceso muy accidentado, donde quizá otro secretario de Gobernación, sin la espina clavada por no haber resultado el sucesor y haber sido vencido por aquel a quien se veía ahora obligado a apoyar, si hubiera puesto más energia en evitarlo.

Otro caso es el de Fernando Gutiérrez Barrios, secretario de Gobernación en buena parte de la administracion de Carlos Salinas, cuya salida del gabinete, y por ende de la baraja sucesoria, fue algo inesperada, despues de declarar ante medios la imposibilidad de una eventual releccion de Carlos Salinas de Gortari, rumor que cobraba algo de relevancia por esos días.

Gutiérrez Barrios tenía los hilos de la política interior y la seguridad nacional en México bajo su control, desde sexenios atrás; no por nada el mismo presidente Salinas se refería a él como “el hombre leyenda”. Y al sentirse lastimado pudo haber sido un factor de desestabilización en aquel fatal proceso sucesorio de 1994.

Desde entonces hay rumores de que él tuvo que ver en cierta medida, junto con el ex presidente Luis Echeverría Álvarez –cercanisimo a Gutiérrez Barrios–, en el sorpresivo levantamiento armado en Chiapas, con indigenas  empuñando falsos rifles, de palo, pero cuyo efecto mediático nacional e internacional dio al traste con la gloria del sexenio salinista.

¿Qué tanto el secretaro Osorio Chong colaborará con entusiasmo en la campaña de José Antonio Meade? No lo sabemos, pero, de entrada, existe un malestar callado, no sólo en su persona, sino en buena parte del priísmo nacional, ante la inédita e inusitada imposición de un candidato externo.

La reciente reunión entre Manlio Fabio Beltrones y Ricardo Monreal no nos puede decir sino eso, y también hechos como que partidos satélite de estos tiempos, como el PES y el Panal, puedan no sólo no ir en alianza con el tricolor, sino el primero incluso aliarse con López Obrador mismo.

Resulta obvio que no es igual el entusiasmo de un secretario de Gobernación que no fue aspirante nunca a la candidatura a "la grande", como en la historia de Mexico los hubo varios, que uno algo dolido, y comprensiblemente por su eminente eliminación de la contienda. n