Neoliberalismo y populismo

Escrito por  Dic 10, 2017

Ahora que, con motivo de la inminente contienda electoral rumbo a 2018, exponentes de una variedad de expresiones político-ideológicas aparecen cada vez con más frecuencia en los medios de comunicación para exponer visiones distintas acerca de lo que es y lo que debería ser el país, conviene hacer una pausa para una reflexión.

Esos exponentes se agrupan en dos grandes bandos, cada cual con más o con menos cercanía a los extremos representados por el neoliberalismo, por un lado, y por el populismo de izquierda, por el otro, como si los electores estuvieran condenados a elegir sólo entre esas dos opciones contrapuestas.

El neoliberalismo, la expresión más reciente del capitalismo, bien pronto ha mostrado sus deformidades y sus limitaciones: bancos privados facultados por ley a producir moneda corriente o sometidos a una regulación tan permisiva –a la que ahora están volviendo en Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, neoliberal por excelencia– que causaron la quiebra de 2009 de la que todavía el mundo no se recupera. O la más reciente invención: la moneda electrónica, libre de toda regulación y apta para toda transacción en la más completa libertad entre vendedor y comprador, apartados de la vista del Estado.

El neoliberalismo es tan salvajemente mezquino, que en unas cuantas décadas ha ahondado el abismo entre ricos y pobres. En ese sistema, cada día son menos los que tienen más y más los que tienen menos.

El populismo de izquierda, por su parte, ya ha sido bien definido por sus detractores del bando opuesto: es atractivo como canto de sirenas, pero igual que éste termina siempre en desastre. Es populista pretender burlar las leyes del mercado en un supuesto afán de proteger a los que menos tienen. Es populista establecer control de precios, control de cambios, controles del Estado por todos lados, en la idea de que esos controles ayudan a los desfavorecidos.

Todas esas medidas son no sólo inútiles, sino contraproducentes. Hay un ejemplo muy claro de ello en la Venezuela de Nicolás Maduro.

Las sociedades con mayores niveles de bienestar no tienen gobiernos populistas.

Pero la dicotomía entre neoliberalismo y populismo no es lo único que puede haber. En la estridencia con que se desacreditan mutuamente neoliberalistas y populistas queda poco espacio para ver que en el horizonte se asoma una tercera vía: la economía de mercado con firme rectoría del Estado.

Parafraseando a José Agustín Ortiz Pinchetti (La Jornada, 9 de abril de 2017): la economía de mercado es competitiva y transparente; permite un juego intenso de oportunidades e iniciativas y está vinculada a la libertad política y a la democracia. El capitalismo –y, por extensión, el neoliberalismo–, por lo contrario, tiene como objetivo dominar, no competir. Huye del control; intenta, y muchas veces logra, someter al Estado.

En México el camino es el reformismo: debemos volver a crecer y empezar a redistribuir, desarrollar la economía de mercado con firme rectoría del Estado. Los adversarios no son los empresarios, sino los monopolios, la corrupción y la riqueza mal habida. n