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Javier Ibáñez, titular del INTI argentino, nos cuenta qué están haciendo en otros países para impulsar la industria agraria.

Escrito por  Mar 08, 2018

Esta idea constituyó el núcleo de su intervención durante el evento de dos intensas jornadas organizado por Multimedios Agroempresario, la Mega Exposición de Ideas que reunió a más de 200 agrolíderes de referencia, acontecimiento que centraba su atención en la premisa planteada por el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, de hacer de Argentina el supermercado del mundo. Javier Ibáñez aseguró no tener dudas acerca de la idoneidad del país para ejercer dicho papel, aduciendo a que disponen del terreno y el clima óptimos para producir las materias primas alimenticias requeridas con objeto de alimentar a su gente y al resto del globo.

Aunque según el presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial haría falta más que eso. Contando con los medios, el objetivo de la industria argentina sería trascender los estándares nacionales para adaptarse a las exigencias del mercado mundial y satisfacerlas con éxito. Para ello sería indispensable establecer una diferenciación entre lo que se come y lo que se produce. El cambio de paradigma habría de ser tal como para permitir a Argentina proveer los alimentos requeridos por la población del planeta que, atendiendo a estimaciones, “para el 2050 va a tener aproximadamente 9 mil millones de habitantes”. Esto supondría una mayor demanda, así como capacidad de compra media, de la población mundial en su conjunto, desafío para el que serían países como Argentina los que estarían capacitados para responder, en caso de anticiparse de modo satisfactorio a la situación que se prevé.

Y eso es lo que nos lleva a la insistencia de Ibáñez con respecto a la innovación. Al reinventarse, la industria del agrio argentina conseguiría establecer una diferenciación que, sumada a la calidad por la que sus productos primarios de alimentación son conocidos ya en la actualidad, les permitirían alcanzar una inmensa competitividad a nivel global.

Ganarse una posición tan destacada en el mercado mundial pasa por comprender que “en el mundo se consume de otra manera”, por lo cual los empresarios no podrán expandirse a la totalidad del mismo salvo que asimilen el hecho de que cada mercado alimenticio que conforma ese conjunto tendrá unas particularidades y exigencias específicas a tomar en consideración. La diversidad, tanto en lo referente a productos como a medios y del mismo modo a procesos será, por consiguiente, fundamental de cara a establecer “una nueva cultura de oferta y demanda”, para lo que será vital “cambiar una cultura de producción primaria por una producción de agregado de valor” que les permita mantenerse a la cabeza.

Para ello el INTI “propone a los industriales argentinos que se apoyen en la institución”, la cual ha ofrecido variados servicios a la industria de su país desde hace más de medio siglo, además de haber colaborado con “especialistas que se dedican permanentemente a innovar en productos alimenticios”. Para llevar a cabo estas labores el Instituto dispone de “28 centros tecnológicos sectoriales para cada sector de la industria argentina”, cuatro de los cuales (INTI Agroalimentos, INTI Carnes, INTI Cereales y Oleaginosas e INTI Lácteos) están enfocados al rublo alimentos, permitiendo a los expertos mencionados estar pendientes en todo momento de los avances tecnológicos de todo el mundo, junto con sus líneas de producción y trabajo “para que esos conocimientos se puedan transferir a la industria argentina”, a los que se suman “24 centros regionales distribuidos en todo el país”.

A raíz de todo esto Ibáñez confía en que la institución está plenamente capacitada para ayudar a esta industria tan importante a incrementar su grado de competitividad en los mercados mundiales, al “darle oportunidad a las empresas que desarrollen líneas de producto, variaciones en sus procesos, variaciones en sus servicios, que agreguen valor al producto que tienen y a lo que comercialicen”, de manera que puedan enfrentar con los mejores resultados el desafío del cual hablamos al comienzo de este artículo y que, como dijimos, ha sido el factor principal del evento en que el presidente del INTI realizaba las declaraciones que transcribimos.

A pesar del optimismo realista demostrado por Javier Ibáñez y de la confianza que expresa en la capacidad de las empresas argentinas para reinventarse y superar las fluctuaciones del medio comercial, reconocía que “las cuestiones de competitividad, de productividad, en la Argentina se ven distorsionadas por un entorno económico que a veces es difícil”. Algo a tener en cuenta a la hora de encarar los años venideros, aunque no debería echar atrás a demasiados agroempresarios que estén dispuestos a acometer la senda de transformación industrio-comercial que se abre para Argentina en los años venideros.