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Jinetes y corceles en la Cabalgata Nacional por el Turismo 2017. Jinetes y corceles en la Cabalgata Nacional por el Turismo 2017. Foto: Raúl Aguirre

Realizan en zona Dorada de Acapulco la Cabalgata Nacional por el Turismo 2017

Escrito por  Héctor Briseño Nov 26, 2017

Jinetes y caballos mostraron sus destrezas ante turistas y familias guerrerenses

Desfilaron también varias calandrias adornadas como la carroza del cuento La Bella Durmiente

Un sentido de la Costera fue cerrado la mayor parte de la tarde para dar paso a la Cabalgata Nacional por el Turismo 2017.

La zona Dorada de Acapulco recibió a decenas de jinetes y sus caballos.


A ritmo de música vernácula los participantes mostraron sus dotes para montar, algunos con cerveza en la mano, con música mexicana mezclada con baladas en inglés que emitían bocinas de vehículos y establecimientos en la Costera.

Hasta las calandrias lucieron adornadas con múltiple iluminación en colores pastel y en forma de carroza del personaje infantil de cuentos La Bella Durmiente, que cobró vida la noche del sábado, al menos de 16 horas a la media noche, mientras se prolongó el encanto de la vida ecuestre y campirana, al menos para las cuentas de personas que acudieron a presenciar en la cabalgata o a formar parte de ella, con fotos, selfies, y también montando.

La fiesta alcanzó su cresta cuando el contingente arribó a la glorieta del Centro internacional Acapulco, poco después de las 6 de la tarde, cuando el sol ya se metía.

A ritmo de chile frito, Acapulco vivió momentos de auténtica feria regional.

Los presentes mostraron emoción cuando un conjunto de música sonora interpretó el co-rrido de Simón Blanco, mientras desde un megáfono era emitida una porra al diputado Taja.

Algunos jinetes montaron con sus hijos, otros de plano se subían a la banqueta para comprar de mano directa un bote de cerveza.

La escena temida por los ambientalistas se repitió a largo de la franja turística, que lucía pequeños montículos de excremento, con música de Joan Sebastian y los Tigres del Norte, una y otra vez.

Trayectos de la Costera fueron sembrados por orina y cerveza que escurría de envases y cartones de cerveza abandonados en el piso.

El sonido producido por las herraduras sobre el cemento de la vialidad remitía a las películas de Vicente Fernández.

Algunos vaqueros regalaron maniobras con caballos de escuela, quienes bailaban y ejecutaban pasos danzarines.

A bordo de una cuatrimoto un barman vestido de atrevido piloto ofrecía bebidas a los participantes.

Otros vaqueros fungieron como apoyo a sus jinetes desde sus cuatrimotos.

Quienes no pudieron montar acompañaron al grupo ataviados con sombrero y botas, mientras que amazonas hicieron gala de su destreza y comunión con el caballo.

En general los jinetes lucieron felices, y más cuando la lograban danzar montados en su equino al ritmo de música de chile frito ejecutada con intensidad, en un ambiente festivo sobre la franja turística.

En el desfile equino tomaron parte caballos percherones, azabaches, pony, alazanes, pintos, colorados, cenizos, entre otros.

La noche siguió su curso, entre establos ambulantes, caballos y yeguas, y música de viento bajo la noche de Acapulco.