Con música rituales ancestrales festejan al Santo Niño de Atocha en Ixcateopan Foto: Raymundo Ruiz Avilés

Con música rituales ancestrales festejan al Santo Niño de Atocha en Ixcateopan

Escrito por  Raymundo Ruiz Avilés Ene 03, 2018

Un tianguis se extiende por toda la calle principal de la ciudad


Ixcateopan, 2 de enero. Con música autóctona, danzas, rituales ancestrales, el folclor y lo popular, Ixcateopan vivió la fiesta del Santo Niño de Atocha.

La gastronomía del lugar, con las fritangas, la venta de ropa, calzado y enseres domésticos de la feria, dieron vida a la celebración religiosa que se celebra para rendirle culto a la imagen.

Al entrar al pueblo, el olor de la madera y las piedras blancas del mármol entretejen historias.

La tradición ahora se vuelve más popular y cientos de turistas, y de la región del municipio se concentraron en la cabecera municipal, no para la recordar al último tlatoani de los aztecas, Cuauhtémoc, sino a la parte de la cultura religiosa española que dejó la conquista: el Santo Niño de Atocha.

En toda la calle Eulalia Guzmán, la vía principal, se extendió el tianguis con las vendimias y la baratija de las ferias populares.

Las familias salieron con sus mejores ropajes para la fiesta del pueblo.

Los juegos mecánicos y el gran baile del grupo Carro Show, fueron parte del programa preparado para este día.

Al centro y a lo lejos se escucha la música del chile frito que se confunden con la música autóctona de las danzas.

Los tambores de la danza de Los Santiaguitos y el rechinido de los machetes de cinta que son friccionados al momento del combate para expulsar a los musulmanes de España, como es el argumento de la danza en que se unen al tambor y la flauta de carrizo de Los Tecuanes de Ixcateopan.

Al fondo en el templo, donde se localiza la diminuta imagen del Santo Niño de Atocha, el violín se dispara al ritmo de la danza de Los Gachupines.

En una sala, largas filas de personas de varias partes del país se esfuerzan en poder llegar hasta la imagen y rendirle culto.

La diminuta escultura ha quedada cubierta en su vestimenta por los billetes que fueron colocados en su indumentaria como parte del agradecimiento; o bien se cuelgan milagritos, cartas, fotografías de algún familiar y los infantes le llevan juguetes a cambio de una estampa con su imagen.

Un pequeño nicho ocupa el centro de atención de varios lugares, y la música suena. La algarabía dura todo el día y más, cuando se trata de estar disfrutando de las calles blancas del pueblo.