Con la festividad de La Topa del Toro comienza la celebración al santo patrono de Tecpan, San Bartolomé Apóstol, en la que bureles de cartón que representan a distintos barrios de esa localidad de la Costa Grande, se enfrentan. Con la festividad de La Topa del Toro comienza la celebración al santo patrono de Tecpan, San Bartolomé Apóstol, en la que bureles de cartón que representan a distintos barrios de esa localidad de la Costa Grande, se enfrentan. Foto: Rodolfo Valadez Luviano

La Topa del Toro, centenaria tradición con carros alegóricos que alegra a Tecpan

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Ago 24, 2017

Un desfile carnavalesco marca el inicio de las fiestas al santo patrono, San Bartolomé Apóstol


Tecpan, 23 de agosto. Un desfile carnavalesco de carros alegóricos por la avenida Independencia, marca el inicio de la celebración de los habitantes de Tecpan a su santo patrón San Bartolomé Apóstol.

Al frente del desfile, los personajes de La Vieja, El Viejo, El Tigre y los caporales acompañan a los toros de petate que representan al barrio de La Capilla y a las comunidades de El Súchil y El Cerrito, trilogía que por décadas encabezan la festividad religiosa del 23 y 24 de agosto.

Durante el recorrido, la alegría de los participantes se desborda al compás de la música de las bandas de chile frito que son insuficientes para abarcar a los colonos de todos los barrios de la ciudad que este día buscan desesperados el compás de la tambora, la tuba, las trompetas, trombones y tambores para bailar.

Este año, a pesar de que se anunció, falló la participación de las danzas del Fandango Guerrerense, que cancelaron estar en Tecpan a media noche, según el presidente del comité organizador de la fiesta, Alberto Leonides Martínez, presencia que fue sustituida, como se ha hecho de 25 años atrás a la fecha, por las playeras con el nombre de los barrios y colonias, lo que forma un mosaico multicolor en el contingente que atraviesa del panteón a la capilla de la cabecera municipal.

Como es la víspera de año electoral, los aspirantes de los partidos políticos aprovechan el mar de gente para promocionarse. A lo largo de la calle, cada político monta su templete para ver pasar a los danzantes y jubilosos que forman parte del recorrido, y usan la ocasión para regalar sombreros, paliacates, playeras y una que otra copita de mezcal a la gente. Buen pretexto para buscar el voto popular.

Sin embargo este año, las cosas cambiaron. El comité organizador de la fiesta patronal prohibió que los carros alegóricos fueran adornados con motivos partidistas, con el propósito de no mezclar la política con la celebración, por lo que cada aspirante tiene que conformarse con permanecer en sus trincheras para observar el paso del desfile.

A las 6 de la tarde, el grito “ahí vienen los de El Súchil”, se oye anunciando la llegada del contingente de los de la comunidad vecina. Comienza la Topa del Toro.

Los suchileños, atraviesan la calle principal, con su toro por delante en busca de los de El Cerrito, al que encuentran en El Corte, sede del ritual más importante de la tradición. Frente a frente los bureles de petate, comienza el ritual. Los toros se topan, hacen las reverencias ancestrales, como lo marca la tradición centenaria. Nadie habla, todos callan, respetuosos de la ceremonia. De pronto, el grito de júbilo de los que sólo observan, rompe el silencio. Los toros se han hermanado.

Unidos, los de El Cerrito y El Súchil, salen en busca del toro de La Capilla, duelo pactado desde el inicio de los tiempos. Todos llegan al Zócalo, frente al ayuntamiento. Los caporales preparan y alientan a su peleador, mientras El Viejo y La Vieja bailan al ritmo del chile frito que no deja de tocar ni un minuto, hasta que por fin, los toros de El Súchil y La Capilla están frente a frente, la pelea está a punto de comenzar.

Aunque la mayoría de los que inundan el Zócalo ese día, es indiferente a lo que pasa frente al ayuntamiento, la tradición, un año más se cumplió. Se retiran los vencedores y vencidos, las facturas se pagarán el próximo año.

En el Zócalo, las bandas de viento interpretan su mejor repertorio, para alegrar a los cientos de tecpanecos que beben, bailan y cantan ebrios de alegría, y sin otra cosa en la mente que ser parte activa de la costumbre.

Al filo de la media noche, la música acompaña a los mandaderos que van y vienen del Zócalo cargados de cartones de cerveza, botellas de güisqui y mezcal, para continuar con la diversión. La mayor parte se fue al barrio de La Capilla, donde nació la tradición y donde al otro día, el 24, se vestirá de manteles largos para rendir homenaje a San Bartolo, aunque muchos, no puedan o no quieran asistir por los estragos del día anterior.