Gobernabilidad y bloqueos

Escrito por  Ago 06, 2018

La voluntad para dialogar y para corregir la causa de los conflictos sociales constituye, con toda seguridad, la principal diferencia entre un régimen autoritario y uno que se apoya en la gobernabilidad democrática.

A partir de esa premisa puede llegarse a la conclusión de que México, si bien ya se liberó de los regímenes autoritarios que asolaron al país desde tiempos inmemoriales hasta hace dos décadas, no ha conseguido adoptar las prácticas que corresponden a un régimen basado en la gobernanza democrática.

Desde que se vino abajo el vetusto régimen del PRI-gobierno, entre 1988 y 2000, la tónica en la actuación de las autoridades ha sido dialogar, pero no resolver los problemas causantes del conflicto; una maraña de intereses, de burocracia y de corrupción lo han impedido. Sabedores de esto, los gobernantes muy pocas veces se han atrevido a emplear medidas de fuerza contra individuos o grupos radicalizados en sus protestas. Sería un exceso que, aparte de no resolver los problemas, la emprendieran con medidas de fuerza contra ellos.

Por supuesto, tienen motivaciones adicionales: México es país signatario de tratados y convenios  internacionales, a resultas de los cuales una extensa gama de organismos internacionales tienen la facultad de venir a verificar la situación de los derechos humanos y de otros tópicos a nuestro país.

Pero acaso no sean esas sus únicas razones para no emprenderla contra, por ejemplo, los bloqueadores de vialidades, sino una especie de trauma que no pueden superar: la matanza en que derivó el autoritarismo de aquel viejo régimen el 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco y que constituye el parteaguas en la historia contemporánea del país. No quieren que se les tache de represores, ni que su recuerdo y su imagen sean relacionados con un régimen que ya pasó a la historia por sus excesos.

Por eso llama la atención la actuación de las autoridades de los tres ámbitos ante el bloqueo que se cernía, de nueva cuenta, sobre la avenida más importante de Acapulco, la Costera, este sábado, a la mitad del periodo vacacional y cuando el puerto estaba repleto de turistas.

Con independencia de quien estuviera detrás de la movilización y de sus motivaciones, policías y soldados disolvieron la obstrucción y arrestaron a varios de los más activos promotores del bloqueo.

Los más perjudicados por los cierres de vialidades siempre son los ciudadanos de a pie, que nada tienen que ver con el conflicto y que muchas veces pierden varias horas en los atascos. ¿Qué puede hacer, por ejemplo, una familia de turistas que viajan en coche rumbo a Acapulco a pasar un fin de semana si de pronto se ven atrapados en la carretera o en la autopista del Sol debido a un bloqueo de hasta nueve horas, como ha ocurrido? Ese tiempo es demasiado no sólo para los niños; incluso para un adulto, pues todo mundo tiene necesidades que satisfacer y urgencias que aliviar.

La acción gubernamental del sábado concitó el apoyo inmediato de los empresarios del ramo turístico del puerto. Sólo resta que, ahora sí, las autoridades la complementen con soluciones de fondo al problema que motivó el conflicto. n