Adversarios

Escrito por  Ago 04, 2018

Suele suceder que en tanto más radical resulta ser un movimiento o una revolución, mayor es la decepción de quienes cifran en ellos sus expectativas, porque a final de cuentas la historia toma el único rumbo que puede tomar –como resultado de una infinidad de factores que interactúan cada uno con determinado peso específico–, y no necesariamente el rumbo que los hombres quieran darle.

En el caso del México de estos días, si la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador implica una revolución social, es más que claro que será pacífica y mesurada. Él mismo lo ha indicado muchas veces luego de la elección, cuando ha llamado a respetar las leyes y las instituciones, e incluso cuando ha dicho que en los primeros tres años de su gobierno no habrá reformas a la Constitución, y que en el caso de las reformas estructurales, no serán derogadas sin un análisis previo detallado, que por lo que respecta a la energética implicará la minuciosa revisión, caso por caso, de cada contrato petrolero.

Es obvio que las arengas, las imprecaciones, la exaltación, las acusaciones tuvieron su momento: la campaña electoral. Definido el resultado, lo que queda es observar las leyes, respetarlas y transitar con los menores sobresaltos posibles a los cambios que el país requiere.

Sin embargo, no todos parecen estar en esta sintonía: hace poco el representante de Morena en el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Guerrero pidió a su partido llamar a cuentas a las varias autoridades electas de ese partido que se reunieron con el gobernador Astudillo, y sancionarlas.

Pero el mismo Andrés Manuel recibió hace días a una delegación estadunidense de alto nivel enviada por el presidente Donald Trump, y luego le envió una carta en términos sumamente amables si se considera que el presidente de Estados Unidos no se caracteriza precisamente por ser amigo de los mexicanos, o por buscar la justicia para los desposeídos, o por cambiar el régimen de explotación.

En cuanto terminó la contienda electoral llamó a respetar las instituciones, entre ellas la de la figura presidencial, a cuyo titular se ha referido como “el señor Presidente” y también se encontró con él en Palacio Nacional.

Aún más: este viernes se reunió con el ex candidato de la alianza PRI-PVEM-Panal, José Antonio Meade, y explicó en un video que el 1º de julio “fue el primero también que me habló para reconocer que habíamos triunfado”; afirmó que “es una persona decente, buena y honorable”, para después llamar a “todos los mexicanos a unirnos y reconciliarnos” por el bien del país.

¿Alguien pensó que eran enemigos? Se equivocó: fueron rivales en un momento determinado de la lucha por el poder, la cual tiene que ser cada vez más civilizada.

Pero lo hizo porque tiene que hacerlo. Su función ahora implica dialogar con todo gobernante con quien tenga que hacerlo, en busca del bien de la nación.