Daño por partida doble

Escrito por  Jul 30, 2018

Si no fuera porque se trata en realidad de una tragedia, lo que sucede en Tierra Caliente con la empresa Femsa y su producto insignia bien podría pasar por comedia. Es, parafraseando a Gabriel García Márquez, una increíble y triste historia.

Como saben los entendidos, la bebida estrella de Femsa contiene al menos dos ingredientes muy adictivos, si bien de consumo legal: la cafeína, que sirve de estimulante del sistema nervioso, y la glucosa, que constituye el combustible de las células del consumidor, el insumo preferido por las neuronas.

Quien ha desarrollado el gusto por esa bebida ha de saber cuánto cuesta privarse de ella. Eso es porque es adictiva: hay que ingerirla para sentirse bien, para que no duela la cabeza, para recuperar el estado de alerta en la vigilia y liberar energía para acometer inifinidad de actividades.

Se trata de una adicción, sin duda alguna, de esas que pueden ser superadas con facilidad, pero no por ello inocua, sobre todo por los azúcares, pues su consumo excesivo ha llevado a México a liderar la lista de países con más obesidad y sobrepeso, condiciones ambas que derivan en males crónicos cuya atención y cuyo tratamiento cuesta miles de millones de pesos a las arcas públicas.

Pues bien, si en algún momento se argumentó que la empresa se aprovechaba de esa adicción para aumentar sus ganancias, ahora –a partir de lo que ocurre en Tierra Caliente– puede decirse que son delincuentes los que le sacan provecho.

La empresa se ha ido. Ayer recogió su equipo y sacó sus vehículos de Ciudad Altamirano, con el resguardo de la Gendarmería Nacional. Pero desde que cesó operaciones, acosada por la extorsión y el cobro de piso, hace varios meses, emprendedores minoristas decidieron seguir introduciendo el producto a la región, para lo cual lo han comprado en otras ciudades y lo han trasladado por sus propios medios, previo pago a los mismos que acorralaron a Femsa.

El perjudicado, por partida doble, es el consumidor final, pues con tal de seguir dañando su salud con un exceso de glucosa tiene que pagar un sobreprecio de hasta 250 por ciento por el producto.

Si tal impuesto fuera a dar a las arcas públicas, cuando menos podría ser usado por el sector salud para atender al creciente número de mexicanos con sobrepeso, obesidad o diabetes, pero se queda en manos de los extorsionadores, que con él se fortalecen.