Excesos de autodefensas

Escrito por  Jul 27, 2018

La petición que alcaldes y diputados en funciones y electos elevaron ayer al gobernador del estado para que gestione que el Ejército se haga cargo de la vigilancia en Teloloapan en vez de la Policía Tecampanera, sirve muy bien para ilustrar los extremos en los que pueden caer las autodefensas cuando no las guía una disciplina férrea basada en principios éticos y en el sentido del deber, inscritos con toda claridad en un reglamento, un decálogo o una norma de comportamiento.

Es una poco usual combinación de virtudes, que no se halla en cualquier corporación, y a veces ni siquiera en las más prestigiadas, Ejército y Armada incluidos. Pero no es imposible de conjuntar.

La degradación de un proyecto nacido con la intención de servir al pueblo puede producirse y, de hecho, se produce, si no hay un firme compromiso ético y moral, acompañado de una necesidad imperiosa de seguridad. Eso le ocurre hoy, por ejemplo, al Ejército y a la policía surgidos de la revolución sandinista en Nicaragua.

En Guerrero, ahora es la Tecampanera la acusada, pero lo han sido también el Fusdeg, la Upoeg y hasta alguna facción de la Crac.

Esta necesidad de normar la existencia y funcionamiento de toda corporación policiaca surgida del pueblo constituye una de las polémicas iniciativas de reforma enviadas recién por el Ejecutivo al Legislativo.

Este debate, sin embargo, no tendría por qué existir, ni existiría, si el Estado cumpliese su obligación de garantizar la integridad física y patrimonial de sus ciudadanos. Cuando el Estado reasuma su función garante y retome el legítimo monopolio de la fuerza para mantener un régimen de leyes, no habrá por qué polemizar al respecto. n