Austeridad o ligereza

Escrito por  Jul 17, 2018

Una cosa es la austeridad republicana y otra, muy distinta, es la ligereza que requeriría un presidente municipal para negarse a reconocer las deudas institucionales, contraídas por sus antecesores en el cargo, a nombre del ayuntamiento.

Sobre todo porque asumir el desastre –cuando lo hay– y comprometerse a arreglarlo es parte del destino del gobernante; para eso lo elige la gente: para encabezar la tarea de poner orden en lo que otros dejaron desordenado. De otra manera, ejercer los cargos de elección popular sería demasiado fácil. Expresado en otras palabras, quien no quiera complicarse la vida, que no se meta a redentor haciendo promesas fáciles para que la gente le dé su voto.

Quien no lo entienda así podría acabar ante un tribunal respondiendo por las obligaciones que se niegue a asumir.

Pero no se crea que en este problema todo está perdido, porque toda moneda tiene dos caras. En el caso de los alcaldes, no sólo tienen derecho, sino obligación de denunciar ante las instancias correspondientes al antecesor que, por irresponsabilidad o por estulticia, generó deudas o pérdidas, o de plano se robó el dinero. Es decir que debe contribuir a hacer pagar a los culpables del desastre, que es lo que nunca, en realidad, se ha hecho en México.

En Iguala, el alcalde electo, Antonio Jaimes Herrera, advirtió ayer que no reconocerá ni una sola de las deudas que deje la administración actual. No sólo hizo un llamado a los provedores para que gestionen con celeridad el pago de lo que el ayuntamiento les adeuda, sino que fue al extremo de pedir que los propios trabajadores del gobierno municipal le cobren a éste la parte proporcional del aguinaldo por los nueve meses de este año que estará a cargo, pues él sólo está dispuesto a responder por los tres últimos meses, es decir el tiempo que estará al mando.

¿Y si está corriendo ahora un juicio laboral, y la autoridad correspondiente dicta su laudo en esos últimos tres meses del año o aun después? ¿No reconocerá el alcalde su obligación de ley?

En Acapulco ocurre lo contrario: la alcaldesa electa, también cobijada por Morena, salió rumbo a la Ciudad de México a pedir, con toda la anticipación posible, apoyo del próximo gobierno federal para hacerle frente a la emergencia del aguinaldo, cinco meses antes de que se vea obligada a pagarlo. Sabe que es su obligación y ya pone manos a la obra para hacerle frente, quizá porque –como jurista que es– está consciente de que los derechos de los trabajadores están por encima de las dificultades del ayuntamiento.

Y eso, sin apartarse un ápice de la austeridad republicana. n