El TLC y AMLO

Escrito por  Jul 03, 2018

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está haciendo una de sus apuestas más arriesgadas al tomar la decisión de no firmar el renegociado Tratado de Libre Comercio de América del Norte, sino hasta pasadas las elecciones intermedias en Estados Unidos –en noviembre, dentro de cuatro meses–, si bien parece que pretende hacerlo con el gobierno saliente de Enrique Peña Nieto, en vez de tomar la decisión de hacerlo con el nuevo gobierno federal mexicano que, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, llega cargado de legitimidad y con un gran capital político, como pocos en la historia del país.

El presidente de Estados Unidos corre el riesgo de que, al concluir las elecciones legislativas en su país, su prestigio personal esté aún más deteriorado –pues parece que no hay día que no cause un incendio en su patria o en algún otro lugar del mundo– y que eso le reste capacidad política, soltura negociadora y autoridad moral para seguir imponiendo las reglas del juego.

Su otro gran problema puede ser que, en vista del acelerado declive real, en términos políticos y de gobernanza, de la administración de Enrique Peña Nieto –declive que comenzó en el momento mismo en que se abrió el proceso electoral, pero que se aceleró en cuanto se confirmó que su sucesor será Andrés Manuel López Obrador–, el presidente mexicano, tan prudente como se ha mostrado en casi todos los ámbitos institucionales, sobre todo en materia de relaciones exteriores, decline la posibilidad de firmar el documento y opte por dejar esa responsabilidad a su sucesor, como en realidad debía ser.

Lo políticamente correcto es dejar que sea el nuevo gobierno el que firme o tome la decisión de no firmar el Tratado. Trump debería saber eso, pues cuando terminen las elecciones legislativas en Estados Unidos, a Peña Nieto le quedarán sólo algunos días en el poder, y eso es un decir, porque en realidad prácticamente no tendrá ya poder alguno.

Y el nuevo presidente mexicano tiene un mandato claro que le ha otorgado una amplia mayoría de los electores.

Trump debería saberlo, y seguramente lo sabe. Pero, ¿acaso le importa? La respuesta a esa pregunta cualquiera la conoce. Está montado en la idea de que su país sigue liderando al mundo libre, pero está equivocado.

Piensa que le bastará la fuerza industrial, financiera y militar de Estados Unidos para imponer sus condiciones al resto del mundo. Pero está equivocado.

El mundo está aprendiendo a decirle que no. n